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"Richi Molina.

Campeón de las canicas"

Autor: Iki.

 

CAPITULO I: Orden.

Todo es cuestión de precisión... que se de el momento, el ambiente exacto... y aprovecharlo con habilidad -el muchacho explicaba mientras acomodaba las bolitas de cristal multicolor en un milimétrico orden. Sus ojos proyectaban un más allá de contundente resultado. Todo estaba dispuesto para lucirse.

"Richi Molina, campeón de las canicas". Una generosa tela tenía inscripta en letras muy grandes la leyenda del jovencito en cuestión.

Sí, está todo perfecto. ¡Ahora! -segundos después de haber pronunciado estas palabras, una canica se adelantaba al especialista, siguiendo un camino derecho y a velocidad firme hasta dar, cual dominó, con una cadena de esferas. Una a una fueron ubicándose tal como lo tenía planeado.

El público, asombrado, comenzó a aplaudir y vitorearon in crescendo.

¡Sí! ¡Lo sabía! - festejó con gran orgullo.

De un momento a otro una de las bolas cambió el rumbo. Todos suspendieron el festejo con un "oh" que parecía ser lo único audible.

La canica retomó su camino hasta quedar en el punto final, la meta definitiva tan deseada.

¡Eso me pasó por festejar por adelantado! -respiró aliviado y luego prosiguió- No hay que dar las cosas por hecho hasta el momento adecuado.

El árbitro pitó, su silbato comunicó que el partido estaba finalizado. La victoria era una realidad. La audiencia, ahora sí, celebró aliviada y bramó con aún más alegría el éxito del suceso.

- Richi... Richiiii... ¡Richi! ¡Vamos ya!

- ¿Te das cuenta que el orden en que están dispuestas estas cositas puede modificar uno u otro resultado? Cada variable tiene el potencial de modificar sustancialmente todo.

- Lo que me doy cuenta es que si no dejas de jugar con esas pelotitas tu mamá se va a enfadar mucho. ¡Hace media hora que teníamos que regresar! ¡Y no me hables raro que no te entiendo!

- Bueno, ahí voy.

****

CAPITULO II: Una piedra en el camino.

- Y bien, señorcito Richi Molina, ¿usted cree que no llevo cuenta del tiempo? ¡Treinta minutos! Durante esta semana usted agregará media hora de limpieza del suelo a sus tareas. Tiene toda la casa para barrer y todo el terreno en torno a ella para rastrillar. Y más vale que lo haga con esmero. Si una semana le parece poco podemos prolongarlo...

- Oh no madre. Entendí. Me disculpo.

- Muy bien, aquí tienes la escoba. El mejor día para comenzar es hoy.

Richi se fue barriendo. A lo lejos, casi en murmullo pero muy fuerte en su corazón, decía: mi canto es feliz, porque feliz soy yo. Como soy, lo que soy, tal cual soy, un ser feliz, eso soy.

Cantando iba rastrillando hasta que dio con una piedra repleta de puntos brillosos. "¿Qué es esto? ¡Es fantástico!". Se la guardó en el bolsillo.

Si algo lo apenaba y no podía ver las estrellas, sacaba su piedra y las miraba ahí dentro. Si algo lo llenaba de alegría, tomaba su piedra y le sonreía.

- ¿Por qué me miras así, Nereida?

- Bueno, no es contigo el problema, ¿pero has visto la cantidad de tarea que nos asignaron?

- Sí, bastante, bastante. ¿Has entendido la clase?

- Ah, creo entender por donde viene la mano, ¿quieres que te diga las respuestas? ¡No! Ya suficiente tengo con hacer mi propia tarea. Y aquí me despido, nos vemos.

- No... no era eso... es que... uf. Ya te fuiste. ¡Al menos me hubieras dado la oportunidad de decirte adiós!

Minutos luego Richi entraba a su casa. Su madre, que se encontraba descolgando la ropa, le preguntó qué tal estuvo su día escolar.

- Pues... bien, sí... larga la clase... y larga la tarea...

- Por favor, pásame esos cestos, vaya... parece que tendré bastante para planchar...

- Aquí están... una de las preguntas es...

- No sé.

- Pero si todavía ni dije qué...

- No sé. Me retiro, ¿podrías levantar los broches y juntarlos en esta bolsa por favor?

- Sí... Necesito de tu ayuda, aquí dice "preguntar a sus padres cuál es su lugar favorito"...

- No sé, ya me voy.

- Pero... ¿cómo no sabes lo que te gusta? Por favor, es una tarea.

- ¡No sé, no sé y no sé! Y no preguntes más.

- ¿Pero qué responderé?

- ¡Bah! Escribe que mi lugar favorito es aquí y listo. Te llamaré cuando tenga la cena lista.

- Bueno... gracias...

Richi trató de hacer su tarea. Pero eran muchas sus preguntas. Se esforzaba pero necesitaba ampliar su conocimiento. ¿Cómo lo haría?

Luego de barrer, llevó la basura al sector destinado para ello en la vía pública. Se quedó allí un rato largo, mirando su piedra, tratando de dilucidar alguna solución. Pasó el recolector de basura y le preguntó qué le pasaba que tenía semejante cara de preocupación.

Richi le planteó su problema, casi sin esperanza de hallar las respuestas. El recolector inmediatamente esbozó una enorme sonrisa.

- ¡Ya sé cómo puedo ayudarte! Mira, te mostraré algo que no podrás creer.

- ¿Qué es todo eso? ¿un canasto repleto de libros? ¿Es usted una biblioteca....? ¿Cómo era que se decía? ¡Ah sí! ¿Es usted una biblioteca itinerante?

- ¡Ja ja! Esto es lo que hallé hoy, ¿qué increíble, no es cierto? A veces hay gente que me los regala, otras veces los dejan a un costado para que se los lleve quien pase.

- ¡Uau! ¿Habrá un diccionario por casualidad?

- A ver... mmm... ¡qué afortunado eres! Aquí tienes uno. Y según dice aquí...mmm ¡es enciclopédico! A veces hay de todo, hay que seleccionar muy bien también, con cautela por supuesto. Recuerda que existe una biblioteca en nuestra región, allí encontrarás todo más ordenado, y ante la duda estoy convencido que te orientarán lo mejor posible.

Richi, contentísimo, aprovechó el libro para aprender más y resolver su tarea. Así, cuando tenía inquietudes, visitaba la biblioteca de su pueblo, y prestaba atención a las joyas que se le presentaban en el camino, como encontrarse con libros de los que ayudan.

****

CAPITULO III: La bola.

- ¿Te has enterado que van a inaugurar una plaza?

- Nereida, sé que no eres de hacer bromas pero te aviso que esta sí que no te la creo.

- ¡Ay Richi! ¿En qué mundo vives? ¿Por qué crees que habían hombres trabajando aquel terreno baldío? Tantas canicas no te dejan ver más arriba.

- El juego de las canicas es mucho más que un juego de esferas de vidrio. Y no, no sabía nada de la plaza. ¡Es una muy buena noticia! ¿Y cuándo es la inauguración?

Aquel día mucha gente del pueblo y de otros pueblos concurrieron al estreno de una muy bonita plaza. Algunos niños inventaban historias entre los árboles. Otros hacían fila para subirse a los columpios. Pero algunos armaban partidos de fútbol sin límites claros... y... ¡le dieron al blanco con el balón!

- ¡Pero! ¿Cómo no se fijan bien cómo patean? ¡Pobre chica!

- Esteee... perdón, ¡pero con lo silenciosa que ha sido ni nos dimos cuenta que entró en el área de juego!

Richi, ayudando a levantarse a la niña que había recibido la pelota, le preguntó:

- ¿Estás bien? ¿Y tu calzado?

- Estoy bien, gracias. No... no tengo calzado... tal vez sea por eso que no me oyeron venir. Fue un accidente, estoy bien, un pequeño susto, nada más. Gracias.

Toda sonrojada, se retiró. Aunque Richi intentó buscarla para chequear que seguía bien, no la encontró.

****

CAPITULO IV: El contratiempo oportuno.

Pasó el tiempo y Richi adquirió gran destreza con las canicas. Se armaron torneos en la plaza y él cada vez tenía mayor precisión con tantos años de experiencia. Un día dio con un libro de física y aplicaba lo leído a su juego, intentando técnicas que lo ayudaran a progresar. Su vida no fue nada fácil, pero su ilusión por mejorar lo distraía de sus pesares. Tiempos difíciles se sucedieron en su hogar y la madre le dio a entender que era tiempo de crecer de golpe, pues lo liberó de los quehaceres hogareños y lo habilitó a que trabajara por su cuenta. Con lo puesto, Richi buscó trabajo y sus pasos se alejaban más y más kilómetros de su pueblo natal.

"Querida Nereida:

¿Cómo están las cosas por allí? Le he escrito a mi madre pero no recibo respuesta. ¿Podrías corroborar de algún modo si están llegando mis cartas? ¿Siguen los torneos? Extraño esa plaza. Hermosos recuerdos. Escribo como si estuviera muy viejo, ¿no? Las cosas que viví... son tantas... ¡y yo que me preocupaba por obtener todas las respuestas! Te diré, hay gente muy engañosa. Gente que te ve desesperado y te da a entender que te ayudará, que te hará superar los momentos de zozobra... y te suma problemas. He escapado de situaciones que no podrías imaginar. Afortunadamente fui viendo señales de alarma justo a tiempo. Me está costando mucho. Necesito terminar mis estudios para obtener un empleo. Pero estoy tan grande... me presenté a varios exámenes y los fui reprobando. No sé cómo haré. No pierdo las esperanzas. No te olvides de regar el nogal por favor. Te saluda con estima, Richi."

 

"Querido Richi:

El pasto está bastante crecido en la plaza, aunque hay lugares donde directamente ya ni hay. Tu madre me dijo que te dijera que no gastes dinero en pavadas, que sabe que estás bien. Me dijo que no te excuses con eso del estudio y que si tienes ganas de trabajar, conseguirás el trabajo. Y yo te digo que si eres de madera en el estudio no es sorpresa. No te enojes. Saludos, Nereida."

Richi sentía que nadie daba ni un centavo por él. No obstante, continuó su camino. Él sabía que podía seguir y que algún día las puertas se destrabarían y podría avanzar a tiempos mejores.

Naturalmente él tenía tendencia a ayudar. Un día mientras estaba por cruzar la vereda notó una señora que llevaba unas compras con mucha dificultad. Una de sus bolsas se rompió y ella no podía agacharse a buscar los productos que rodaban por la calle. Rápido, Richi corrió a ayudarla. Le preguntó desde donde venía y fue hasta allí a pedir una nueva bolsa. Le dijo al vendedor que aunque no tenía dinero, estaba dispuesto a hacer alguna labor para recompensar el producto, y que lo disculpara por el inconveniente pero una señora muy mayor estaba en aprietos en la calle porque se le rompió la bolsa de compras. El señor del pequeño mercado se sorprendió, le dio una bolsa y se quedó observando a lo lejos. Corroboró que lo que le decía el joven Richi era verdad y vio la gran amabilidad con que trataba a la señora.

Para cuando Richi regresó al negocio se enteró que... ¡consiguió empleo como repartidor del almacén!

"Tu sueldo serán las propinas y con algo de esto creo que podrás subsistir", le dijo el dueño. Richi estaba contento, al fin alguien había confiado en él. Le preguntó si conocía algún sitio donde pudiera hospedarse, y el caballero le ofreció dormir dentro del local, en un sitio más apartado del mostrador. Aunque quizás no era de lo más cómodo, eso le permitió refugiarse de las inclemencias del clima. Muy diligente, siempre se mostró bien predispuesto. Los clientes lo adoraban. Él ayudaba guardando los productos y las señoras lo apreciaban mucho.

"¡Ay si todos fueran tan amables como tú!". Y él se ponía aún más contento. Las propinas se multiplicaban junto con los elogios. En una de las recorridas notó un cartel como ayudante en una relojería. En cuanto pudo se presentó. Allí aprendió mucho sobre los mecanismos del reloj y también sobre las gemas que se colocaban como adorno, puesto que también era una joyería. En el tiempo que le quedaba aprovechó para asistir a un local de reparaciones. Comenzó a ganar más y pudo tener suficiente para ir a una pensión. Allí conoció personas muy simpáticas que lo invitaban a salir. Él les agradecía pero sabía que su prioridad era terminar los estudios. Una muchacha le aconsejó que fuera a clases de apoyo.

- A mí no me cierran los números... ¿cómo le pagaré?

- Hay muchísimas personas deseosas de ayudar, no es necesario que les des dinero. -le dijo la muchacha. Le mostró donde iba ella, una biblioteca, aunque no muy cerca de donde estaban, pero que tenía un sector donde muchos voluntarios ofrecían su ayuda para los estudiantes.

Allí conoció personas con muchísima paciencia, que lo alentaban a corregir sus errores y a aprender más. En los exámenes no le iba nada bien, durante mucho tiempo fue así. Llegaba muy cansado como para estudiar, pero igual leía. Fueron varias las veces que accidentalmente se quedó dormido sobre los libros, pero igual los seguía abriendo. Iba a las clases, aunque sentía que sus fuerzas no eran muchas. Recordaba todo el empeño que sus profesores ponían para que le vaya bien. ¿Cómo no asistir? Ya no era uno intentándolo, ¡era como un equipo!

Para su gran asombro, logró terminar el secundario e ingresó en la universidad. ¡Qué regocijo enorme! Cuántos le habían dicho que no podría, y pudo. Cosas que le ocurrieron que parecían alejarlo de sus planes. Y otras insospechadas que lo acercaban. Unos, le pusieron trabas, pero otros le dieron ánimo, y con su soplo sintió poder volar alto. Cuántos esfuerzos, caídas y el volver a levantarse. ¿Que si no llegaría?, pero... ¡tanto hecho!, sentía que no podía volverse atrás. La dirección era avanzar. Y así, escalón a escalón, fue llegando. ¿Qué estudiaría?

Muchos elegían carreras económicas... otros tanto medicina....otros letras.... y buscando buscando, se dio cuenta que su vida lo fue llevando al camino que él, cada vez más, sentía que estaba predestinado para sí.

- Vaya, veo que te gustan las piedras, ¿verdad? - le dijo uno de los profesores mientras lo veía a Richi mirando su piedra.

- Sí... me gustaría saber qué piedra es esta, la llevo conmigo hace mucho tiempo.... y no se parece a las piedras que vi en la joyería.

- Ah... ahí ya no sé si podría ayudarte, porque de piedras no sé.... pero.... ¿sabías que existe una carrera que podrá responderte eso?

- ¿Es posible?

- Hasta lo que no te imaginas que es posible es posible.

****

CAPITULO V: Las vueltas de la vida.

Aunque parecía que no tenía tiempo para nada, siempre se hacía un rinconcito para sus canicas. Se mantenía entrenado. Cuando tenía la oportunidad, en algún pequeño recreo, pasaba por la plaza y acomodaba las canicas pensando nuevos desafíos. Era su gran deporte, y gran alegría. Muchos niños lo veían, y no conocían de qué se trataba. Aprendieron que podían hacerse juegos súper divertidos. Cuando se le acercaban, él les explicaba en qué consistía. Varios chicos luego hacían pequeños torneos, ¡cada vez más jugadores de canicas! Richi se ponía contento, veía que había muchos chiquitines muy habilidosos.

Siguió escribiéndole a Nereida. No supo si se mudó, no supo si simplemente no le llegaban las cartas, pero comprendió que en un momento algo le decía que tenía que hacer una vuelta de página. Y darle relevancia a quienes realmente les importara su bienestar.

Una vez, mientras almorzaba sentado en un banco de un parque, notó una muchacha que comía unos bancos más alejada. La veía algo cabizbaja, solitaria. Con el transcurrir de los días notó que ellos comían en un horario similar, y que elegían los mismos bancos. También comenzó a notar que cuando veía a los niños jugando a las canicas, ella sonreía, como que le volvía el brillo a su rostro.

¿Quedaría mal si se le acercaba? ¿Cómo reaccionaría?

Pero de tanto preguntar, tal vez se le escaparía la oportunidad. Decidido, se le acercó:

- Hola, perdón, no deseo inquietarte, pero me da curiosidad.... ¿es posible que nos conozcamos?

Ella sonrió, se sonrojó, y tomó un sorbo de jugo.

- Sí.

¡Esa respuesta sí que no se la esperaba Richi! Descolocado, no pudo decir ni una palabra. Ella miró a los lejos, y mientras observaba a los niños divirtiéndose, le dijo:

- Alguna vez tú me ayudaste cuando había caído en una plaza...

Bajó su mirada y escondió, bajo el asiento, sus pies que momentos antes balanceaba. Luego lo miró y le dijo sonriendo:

- ¿Te gustaría un sándwich?

Richi aceptó y mientras se alimentaba se puso a rememorar.

- Yo...

- Sí, lo sé, tú eres Richi Molina. ¿Cómo no saberlo? ¡El campeón de las canicas! Vi cómo te destacabas en la plaza de mi infancia.

- ¿Puede ser que tú...?

- Viví mucho tiempo en condiciones muy extremas. Luego fui a la casa de unas señoras, donde las cuidaba, limpiaba toda la casa, cocinaba... pero al irme a esa casa tuve que mudarme nada cerca de aquel sitio donde te conocí. En realidad, te admiraba de lejos. Siempre te estuve muy agradecida por haberme ayudado a levantarme aquella vez... Ahora trabajo en otro lugar. Me gusta venir acá y respirar aire puro. Me gusta almorzar al aire libre. Cuando te vi... y te vi jugando a las canicas.... definitivamente supe que eras tú, Richi... cómo han pasado los años... siempre me pregunté qué sería de tu vida. Pero aunque no lo supiera, siempre tuve un recuerdo feliz de ti.

Con el pasar de los días, se fueron conociendo más. Parecía que el clima favorecía esta incipiente amistad, porque los días eran tan lindos, que podían charlar con tranquilidad. Los días, se hicieron meses, y los meses...años.... años de amistad....y de un gran amor.

Aquella niña que no pudo seguir la escuela, fue luego la mujer que pudo completar sus estudios. Richi la alentaba y a la vez recordaba a aquellos seres que le dieron buenas vibras a lo largo de su vida.

- Creo... creo sentir que siempre tuve una llama interior que estaba latente...

- ¿Esperando por iluminarse?

- Sí... por iluminarse completamente. Hubo periodos en que pensé que estaba destinada a apenas alumbrar un poquito...

- Como para sostenerte...

- ¡Exacto! Pero luego comprendí que mi destino era brillar... ¡con entusiasmo!

- Claro. Te entiendo... aunque a mí me pasó que siempre lo supe, siempre sentí que podía ser capaz.

- ¡Fuaaa qué seguro de tu persona!

- Jajajaja. Bueno, también sabía que había cosas que podían llegar a interferir. Como el viento al lanzar las canicas, o el tipo de terreno que podía hacer más o menos dificultoso el recorrido... Pero a prueba y error fui aprendiendo a ir manejando esas cosas. No podría saberlo todo, pues no lo controlo, pero más o menos voy viendo cómo puedo ir llevando cada nueva situación. -explicaba Richi, mientras ella lo miraba embelesada.

****

CAPITULO VI: Gema escondida.

¡Geología! ¡Geología era la palabra!

Para cuando Richi se enteró que existía tal carrera, sintió que era un pez en el agua. ¡El agua más cristalina que hubiera apreciado! ¡Su favorito: el mundo de los minerales! Y descubrió cuál era su famosa piedra. Y aprendió aún más de muchas otras piedras.

Como mostraba gran entusiasmo y responsabilidad, cuando terminaba de rendir las materias, algunos profesores le proponían que los acompañase en las cursadas. Fue ayudante y notó que se le daba bien explicar a otros.

- Somos diamantes en bruto, sí. Somos polvo de estrellas... Si tan sólo nos diéramos cuenta de lo valiosos que somos, y cuánto bien podemos hacer... Llevamos una energía muy poderosa en nuestro interior.

- Richi, ¿crees que nuestras gemas algún día serán encontradas y valoradas?

- Creo, que aunque pasen miles de años, alguna vez alguien las hallará, y quizás, alguien pueda comprender lo valiosas que son.

- Ojalá que les puedan ser útiles, y que eso permita ayudar a muchos seres más.

****

CAPITULO VII: La permanencia de la esencia.

Los tiempos fueron cambiando, las modas, las costumbres. La gente se mudaba... Para cuando Richi regresó a su pueblo natal, todo estaba muy transformado. Buscó y buscó. Los rostros no les eran conocidos. Sintió algo en su garganta. Tomó de la mano a su amada, y el crujir de hojas secas los acompañó durante su recorrido. De repente, a lo lejos, pudo notar un árbol que lo saludaba a la distancia. No había más que adivinar, él sabía que se trataba de su querido árbol. ¡Aún seguía en pie! ¿Cómo? ¿Quién cuidó de él? ¡Qué fortuna! Verle tan bien, ¡se emocionó tanto! Lo abrazó. La lluvia oportuna, aquellos conocidos o sin conocer que hicieron posible que su querido árbol se mantuviera, la naturaleza misma.... Tomó los frutos con gran admiración, los compartió, y sintió todo ese gran amor contenido, a través de los años, de las estaciones, más allá de la distancia... Miró al Cielo, y con gran sentimiento, todo su ser dijo:

- ¡Gracias! ¡Gracias por tanto amor!

 

Fin de la lectura.
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