“Reina Sochia” Autor: Iki. Hace muchos, muchísimos años, en un lugar muy lejano, vivía una reina llamada Sochia. Sujetaba su cabello dejando una cola de caballo por delante, su cabellera se abría en dos de modo tal que le quedaba a cada costado las mitades de su melena. Su corona se alzaba sobre su cabello recogido. Le gustaba mucho comer mujis, los cuales eran como nubecitas azuladas, dulces, que colgaban de las ramas de los árboles de su reino. Mientras los saboreaba, observaba el cielo multicolor con gran complacencia. Con el protocolo musical de fondo (una breve melodía de clarinete), se presentó Tutico: TUTICO: Con su permiso, su Majestad, vengo a traerle las novedades. REINA SOCHIA: Buen día Tutico. ¿Aumentó la producción de mujis? Este año vinieron riquísimos. TUTICO: No tengo aún reportes sobre eso pero sí sobre otros asuntos... REINA SOCHIA: ¿Alarmantes? (Abrió bien grande los ojos, corrió la bandeja desde donde se alimentaba y dirigió su rostro del paisaje hacia Tutico, todo muy rápidamente) TUTICO: Ehmm... lo que se dice alarmante... eh... yo no sé si lo definiría así....ehh...ehmm... REINA SOCHIA: ¡Tutico! ¿Titubeando? ¿Hay algo que debería saber que no me he enterado? TUTICO: Lo siento su Majestad. Pero algo muy extraño está ocurriendo en el reino... REINA SOCHIA: Sí, mucho viento. Lo he notado desde temprano en la mañana. Fíjate que me quedé maravillada por el cielo, pero me dio una tortícolis que apenas si pude saludarte, lo siento. TUTICO: Oh, no hay de qué disculparse reina Sochia. REINA SOCHIA: Sí, y además porque lo siento muy dolorido mi cuello, por eso lo digo también. Aunque Tutico no pronunció comentario alguno, una doncella sí lo hizo, interrumpiendo la charla avanzando aceleradamente hasta llegar a un par de metros de donde ellos estaban. Apareció corriendo desde varias puertas atrás. DONCELLA LILAH: ¡Reina Sochia! ¡Su Majestad! ¡Tiene que ver lo que está pasando en el centro del pueblo! ¡Los pájaros multicolor! REINA SOCHIA: Gracias Lilah, pero me sorprendería más ver pájaros transparentes. Oh momento, no podría, ¿o sí? TUTICO: Disculpen que las interrumpa, pero justo quería comentarle sobre ellos... si me permite...su Majestad... Reina Sochia asintió, y aprovechó para comer otro muji más. Parece que aquel día se presentaba entretenido, más que cualquier otro día. La doncella Lilah se sentó sobre un almohadón enorme que había en el suelo, exhausta, tomó agua y fue afirmando con su cabeza muchos de los comentarios que Tutico expresaría: TUTICO: Como bien sabe usted, el reino ha estado sufriendo de muchas fechorías. Tantas, que mucha gente está confundida y ya no sabe si algo es una fechoría o es un hábito normal. REINA SOCHIA: Por eso mismo mandé a publicar un aviso donde se solicitaban seres capaces de ayudarnos a frenar esta situación y revertirla. TUTICO: Pues parece que lo han respondido... comportándose de manera sobresaliente... REINA SOCHIA: Vamos Tutico, que me impacienta saber más. TUTICO: Creo, Reina Sochia, que estamos ante superhéroes anónimos... Lo que parecía una ventana detrás de unas cortinas bordó, era en realidad una pizarra donde Tutico comenzó a señalar las características de estos asombrosos personajes. Corrió las cortinas hacia ambos lados con la ayuda de la doncella Lilah. La Reina Sochia prestó cada vez más atención. TUTICO: Aquí lo tenemos a nuestro primer superhéroe. Como podrá observar usa una vincha. DONCELLA LILAH: Está a la moda, ¿ah? Tutico la miró con mirada severa, y la doncella hizo que tosía disimulando su comentario. TUTICO: Como venía diciendo... nuestro superhéroe, como podrá observar su Majestad, en esta imagen, se caracteriza por llevar una corbata negra sobre una especie de prenda marrón claro. REINA SOCHIA: Bueno Tutico, vayamos al grano de la cuestión por favor. DONCELLA LILAH: No Reina Sochia, es que no hubo ningún grano. Ese es famoso por otra cuestión. Esta vez la reina se sumó a la nueva mirada severa de Tutico hacia la doncella. Al sentir ambas miradas, Lilah carraspeó y volvió a callarse, mientras tomaba un sorbo de agua bajando la mirada unos instantes. TUTICO: Hemos detectado faltantes de juegos en muchas plazas. Cada vez hay menos toboganes, columpios, y calesitas. REINA SOCHIA: ¡No! TUTICO: Sí. REINA SOCHIA: ¡Nooo! TUTICO: Que sí. REINA SOCHIA: ¿Sí? TUTICO: No. Que no. REINA SOCHIA: ¿Que no? TUTICO: Eh perdón digo, que sí. REINA SOCHIA: No me lo puedo creer. ¿Y cuál es la causa? TUTICO: Aparentemente el encargado de las plazas lo está haciendo para no tener que limpiar tanto. DONCELLA LILAH: Las plazas se están volviendo desérticas su Majestad. REINO SOCHIA: Es algo inadmisible. ¿Y qué tiene que ver este caballero avícola con vincha? TUTICO: Pues hemos reportado que con su accionar ha impedido que siga pasando... (Los telones los cubrirán) Escena de Don Modesto en la plaza: ENCARGADO DE LA PLAZA: ¿Pero para qué quieren toboganes? ¿Para qué estar tirándose hacia el suelo? ¿Qué sentido tiene? ¿Y el subi baja? ¿Por qué no se deciden? ¿Qué se creen, que están en barcos? ¿Y la calesita? ¿A dónde piensan ir? ¡Bah! Mejor sacar todo. DON MODESTO (vincha, pecho canela cruzado por una franja negra que lo separa de la panza blanca): Señor, disculpe que interrumpa sus pensamientos, pero creo que usted debe saber que estos juegos tienen una razón de ser. No sólo de la planicie vive el hombre. Es bueno que tenga actividades recreativas, todo esto sirve para ejercitarse y también el esparcimiento sano permite que muchos puedan generar amistades. ENCARGADO DE LA PLAZA: ¿Qué es esto? ¿Un pájaro hablándome? ¿Será que el viento ha levantado tanta tierra que me hace confundir de lo que veo y oigo? DON MODESTO: Este es un mensaje especial, para alguien especial, entregado de modo especial. Por favor, présteme atención. (Comenzó a cantar desplazándose a un lado y a otro, mientras el encargado de la plaza lo miraba con gran sorpresa) DON MODESTO (cantando): Si nosotros volamos por aquí y volamos para allá, no es que sólo estemos buscando alimento en el pastizal. Observamos la bondad y detectamos lo que no va a la par, entonces aparecemos para que vuelva a reinar la paz. ¿Acaso no es feliz notando a un niño reír? ¿Viendo a sus seres queridos acompañándolo a los juegos? Y si alguno está solo, que venga otro niño y le permita participar de un nuevo juego, para que pueda volver a sonreír. ¿Acaso no le gustaría usted volver a ser así, un ser contento? ¡Tenga usted entendimiento! ¡Anímese y permita que la alegría sea su sustento! ¡Ría, viva! ENCARGADO DE LA PLAZA: Pero yo lo quiero todo limpio prolijo, ¡que nada haya y todo será más fácil de limpiar! ¡Que se vayan a otro lado a jugar! DON MODESTO: La vida no debe pasar por solo limpiar y limpiar. Tiene que intentar comprender que hay razones para cada cosa. Si usted disfruta de su trabajo, deje que otros también puedan disfrutar de sus resultados, sin anular lo trabajado. ENCARGADO DE LA PLAZA: No entiendo, ¿cómo es eso? DON MODESTO: Usted está muy comprometido con los quehaceres de orden y limpieza. Pues bien, eso no excluye que otros también puedan beneficiarse sanamente. Cuanto más limpio esté, más seres querrán acercarse, ¿se imagina qué triste sería que ya nadie quisiera venir? Si nada hubiera se marcharían yendo a otro sitio que sí tuviera los juegos de siempre. ¿Y qué mejor que ver la alegría de muchos disfrutando y agradeciendo en su corazón por todo el esfuerzo que usted ha hecho para que todo esté bien? Cuando escuche una risa, recuerde que usted ha dejado su aporte para permitir que eso suceda. Si permite que haya juegos, ¡más risas habrá! ¡Más momentos de amistad! ENCARGADO DE LA PLAZA: Ahora que lo pienso... en mi afán por reducir mis tareas, he dejado de lado los sentimientos de los demás... DON MODESTO: Siempre es bueno tomarse un tiempo para reflexionar, ¡y tomar más impulso para avanzar! ENCARGADO DE LA PLAZA: Gracias caballero, soy afortunado de encontrarme con usted. DON MODESTO: Oh, yo le agradezco que me ha escuchado. Ahora procederé a retirarme, ¡hasta luego! Don Modesto se retiró agitando sus alas. El encargado de la plaza miró a su alrededor, barrió un poco y se dijo: Muy bien vendría que haya por allí toboganes, y corriendo los niños podrían subirse a los columpios que quedarían mejor de este otro lado, sí... (y salió de la escena con ánimo alegre y tarareando una canción). (Se abren los telones) TUTICO aparece en escena inclinado su cabeza como dando por concluido el caso. REINA SOCHIA: Me alegro mucho que haya tenido un desenlace tan auspicioso. Me hubiese preocupado en demasía no tener dónde ir a jugar. DONCELLA LILAH: Pero su Majestad, usted puede tener todos los juegos que quiera en su palacio, que es bastante grande (mirando a su alrededor abriendo bien los ojos) en verdad (mirando al público con los ojos aún muy abiertos). REINA SOCHIA: Pero de nada me serviría si todos fueran sólo para mí. ¡Además me encanta ir a las plazas! Siempre hay muchos seres que me sorprenden y si me quedara aquí no los podría llegar a conocer. TUTICO: Pero a veces hay seres difíciles Reina Sochia. Aquí le presento otro caso que costó mucho resolver. (Señaló en el cuadro al siguiente superhéroe, que de arriba era de un color y de abajo otro) REINA SOCHIA: ¿Ese pájaro no se decidía si ser azul o naranja? Pues a mí a veces me cuesta decidirme. Que si mujis o no mujis, que si trenzas o no trenzas. ¡Y cosas más complicadas, por supuesto! No sabía si decirlo o no... DONCELLA LILAH: Tomar una decisión puede ser difícil, pero siempre se termina tomando alguna. (Diciéndolo muy filosóficamente) REINA SOCHIA: Vaya Lilah, has progresado con tus clases de filosofía, te felicito. DONCELLA LILAH: Gracias su Majestad. Me han dicho que cuanto más breve, uno se nota más profundo, sin embargo yo opino que cuanto más hablo puedo darme a entender mejor, (Reina Sochia y Tutico se miraban desesperados viendo que comenzaba a largarse una fábrica de palabras por parte de la doncella) porque creo que cuantas más palabras pronuncie puedo clarificar mis pensamientos y lo que quiero decir, para que se entienda muy muy claro... REINA SOCHIA: Creo que nos quedó claro en superabundancia. Tutico, por favor... TUTICO: (Entendiendo que la reina deseaba que salvara la situación)... en el caso siguiente, era una señora que no se decidía, o que en realidad... ya tenía la decisión establecida... (Se cierran los telones cercanos y lejanos) Luego se reabre el telón. Aparecen dos cajas de supermercado, con un cliente en cada una. Una persona se va a acercar a la caja 1 y una señora que la ve desde la otra punta, apura el paso para quedar adelante. Cuando la persona lo nota, decide irse a la caja 2 y la señora vuelve a apurarse, pero la persona llega antes y entonces la señora hace que se queda mirando productos alrededor. Mientras espera su turno la persona, la señora disimuladamente intenta colarse en la fila. Poniéndose a la par de la persona, sonriéndole. Haciéndole una observación pasajera sobre algún producto, y así va poniéndose delante. Mientras, la caja 1 que atendía a un cliente, cuando acabó, puso un cartel de caja cerrada. Para cuando la caja 2 terminó de atender al cliente inicial, y le tocaba el turno a la persona que estaba detrás, la señora, que se había puesto en el medio, intentó ser ella la que fuese atendida. CLIENTE: ¡Esto es algo de no creer! ¡Siempre lo mismo! Uno que espera pacientemente, y van y se meten en el medio, ¡qué indignación! SEÑORA: Discúlpeme, pero, ¿lo dice por mí? ¿Que no ve que acá hay personas que necesitan ser atendidas con tranquilidad? (Y mirando a la cajera) Cada vez la gente viene más alterada, ¡será posible! CLIENTE: ¡Ah! ¡Encima tiene el tupé de decir esas cosas! ¡Señora, yo estaba antes que usted! SEÑORA: ¿Ajá? Ah... ja ja já. (Y mira a la cajera como si la tratara de loca a la otra persona). Aquí entra en escena el pájaro superhéroe carraspeando de un lado, acomodando sus brazos. El cliente se queda sorprendido, la cajera también, pero la señora comienza a empujar los productos para que la cajera los pase. El pájaro se va para el otro costado, hace unos ejercicios para aclarar la garganta, estira sus brazos-alas, y mira, esperando a ver la reacción de la señora. El cliente gira para verlo para el nuevo lado, la cajera también, y la señora insiste en el apuro de pasar los productos. El pájaro, notando que la señora no se da por aludida, mira hacia el público con cara de sorpresa. Pone su mano en el mentón en modo reflexivo, da unos golpecitos con el pie al suelo, y mira hacia arriba, como esperando algo mientras piensa. SEÑORA: Señorita, ¿qué no ve que tengo apuro? ¡atiéndame ya! ¡haga su trabajo que para algo le pagan! La cajera, bastante sorprendida al ver al pájaro, pero algo asustada por la queja de la clienta, accede a su pedido pasando los productos. El cliente, baja sus brazos resignados. El pájaro hace un gesto que se le ocurrió una idea. Toma los hombros del cliente y los vuelve a poner en su sitio original. Le da unas palmaditas en la espalda como para animarlo y asiente como para darle a entender que lo entendía. La señora toda apurada coloca sus productos en un par de bolsas y le paga a la cajera. El pájaro se pone a un costado y dice: BONASERA: Señora... señora... venga que la estoy llamando, quiero charlar con usted por aquí. SEÑORA: Déjeme tranquila, ¿quiere? Estoy apuradísima y no tengo tiempo para tonteras. ¡Ay! ¿Habrá puesto todo la cajera? Y mientras va caminando por delante del pájaro, revuelve los productos de la bolsa, sin darse cuenta que se le cae algo de tamaño evidente al suelo. BONASERA: Señora, señora, présteme atención que la quiero ayudar. Quiero advertirle sobre... SEÑORA: ¡Ah! ¡Déjeme con mis asuntos! Y al caminar toda atolondrada tropezó con lo que se le había caído. El pájaro la ayudó a no caerse del todo al piso. CAJERA: ¡Menos mal que estaba allí para cuidarla! Dejan de pasar los productos y tanto la cajera como el cliente se quedan observando la siguiente conversación. SEÑORA: Gracias, yo puedo sola. BONASERA: Señora, comprenda, que a veces, no se puede sola. Déjese ayudar. Y permítase ayudar a los demás. Fíjese, que por apurarse, por aventajar, terminó tropezando, y el tiempo que esperaba ahorrar lo terminó desperdiciando. A veces hay cosas que tienen su determinado tiempo con cierta razón. Y lo que usted cree que adelanta haciendo lo que hizo del modo en que lo hizo, en realidad puede perjudicarla, tanto a usted como a los demás. SEÑORA: ¿Y a mí me lo viene a decir? ¿Sabe cuánto tiempo...? BONASERA: ¿Qué usted viene manejándose así? El tiempo que fue, ya pasó. En este instante es su oportunidad para manejarse de una manera distinta. ¿Acaso no pensó que tal vez, esa persona a la que usted se adelantó, aún sabiendo que a usted aún no le correspondía el turno, podría llegar a cederle el lugar? ¿Y ahora, qué ha ganado? Que la próxima vez que le vea, piense que usted intentará aventajarle, y se apresurará aún más por tener prioridad. En cambio, si le hubiera dado la chance, la hubiera podido sorprender. Pudo ser posible, si usted le hubiese pedido con suma amabilidad, que le ceda el turno, que lo hiciera. ¿Por qué no darle posibilidades a los demás? SEÑORA: Es que... es que a veces me canso de esperar. BONASERA: Pruebe pasar del "a veces", al "cada vez menos". SEÑORA: ¿Cómo lo qué? BONASERA: A veces uno se cansa al caminar, bueno, como eso, pruebe que cada vez menos se canse al caminar. Si alguna vez caminó y la empujaron, eso no implica que usted deba andar toda apurada empujando a los demás. Al contrario, debe de servir para estar cautelosa al caminar, y tenerle aún más compasión a los demás, para que no pasen por lo mismo que pasó usted. SEÑORA: ¿Me lo deja pensar? BONASERA: Cada uno tiene su tiempo para reflexionar. ¡Ya me alegra que tenga en cuenta mis palabras! La cajera y el cliente lanzaron expresiones de alegría mientras la señora se sonreía y se sonrojaba gustosamente. Luego que se cierran los telones, aparece la reina Sochia paseándose meditando. REINA SOCHIA: Sí... todo esto me hace pensar que... sí, yo también he tenido ocasiones en las que anduve acelerada, como cuando tengo expectativas que haya una gran cosecha de mujis y pregunto y re pregunto, y por mucho preguntar no significa que los mujis van a salir inmediatamente... debo de recordar que la naturaleza tiene sus tiempos... DONCELLA LILAH (aparece desde el otro extremo imitando el comportamiento de la reina Sochia): ... qué bueno que es autoanalizarse para aprender a corregirse, a entenderse más. REINA SOCHIA: Vaya Lilah, qué bueno que estés habituada a hacerlo. DONCELLA LILAH: ¿Ah, cree que lo decía por mí? REINA SOCHIA: ¿No lo decías en general, tanto por ti como por mí? DONCELLA LILAH: Ah... sí, claro... sí... ciertamente... -y caminando hacia atrás se tropieza accidentalmente con su propio vestido. Tutico que venía acercándose justo llega para sostenerla y evitar que se caiga-. ¡Oh! ¡Qué amable Tutico! ¡Tan atento! ¿Hay más casos? TUTICO: Hola reina Sochia, hola doncella Lilah. Tengo información de último momento. Se ha acercado a mí una muchacha contándome que alguien quiere visitarle a usted, su Majestad, pero antes me contó cómo dio con tal ser... Se cierran los telones... y un nuevo caso es mostrado: La muchacha corría y corría. Para un lado, para el otro, toda apurada. Uno que estaba en un costado le decía a otro "Esa es mi vecina, la reconozco porque me despierta con sus trotes". Se tropezaba, caía, seguía corriendo. Si llevaba algo encima, se le caía, no se daba cuenta, alguien corría detrás de ella para alcanzárselo. A duras penas podía llevarle el ritmo, ella, mientras caminaba a paso apresurado, le daba las gracias pronunciando la palabra casi incompleta, tomaba lo que se le había caído y seguía corriendo. Tomaba agua mientras corría. A veces chocaba con la gente, pero igual seguía corriendo. La gente se molestaba, tenía que saltar de su camino para no terminar cruzándosela, algunos se le quejaban. Con las luces más tenues, mientras corría comenzó a tener dificultad para ver (gestos para tratar de visualizar mejor la lejanía) y terminó chocándose con una súper pájara que en un momento aparece parada en el medio del escenario. AZUL (suave azulado, con una franja negra contorneando los ojos): Cuidado por favor, ¿por qué tanto apuro? CORREDORA: Ahh yo siempre soy así, todos los días. No hay tiempo que perder. ¡Córrase, córrase! ¡No me deja ver! AZUL: Yo no veo y sin embargo no ando empujando a la gente en el camino para que me haga lugar. (A medida que dice esto se van volviendo a encender las luces) La corredora parece que corría en el lugar, cruzaba rápidamente sus piernas. AZUL: ¿Oye eso? CORREDORA: ¿Qué? ¿Hay algo que haya que oír? AZUL: A ver, comience a quedarse quieta, tal vez lleguemos a oír mejor... La corredora comienza a parar de agitar las piernas y se va quedando quieta hasta parar. CORREDORA: Nada oigo. Tal vez usted tenga el oído más refinado. AZUL: Es el sonido del silencio. Antes, era usted quien aleteaba. CORREDORA: No me ofenda le pido por favor, que yo no le falto el respeto... (la interrumpe) AZUL: ...no es mi intención hacer eso que usted dice. Y mire que aletear no tiene nada de malo, que yo suelo hacerlo. CORREDORA: Mmm bueno...tiene sentido (mira al público). AZUL: Hay seres que corren a todas partes sin saber por qué, se apresuran de la mañana a la noche. Por correr no se llega mejor, y se pierden muchas cosas de la belleza del camino. Son buenos los momentos de calma, para escucharse a uno mismo, para escuchar a los demás. Para simplemente comprender la paz del silencio, que nos permite oír a nuestro corazón, permitir que la mente pueda descansar. Permítase observar la lindura de la tranquilidad. CORREDORA (caminando de un lado a otro del escenario, mientras Azul permanece en el mismo lugar): Es que no sé... no sé si podría. No estoy acostumbrada, desde siempre anduve así. AZUL: Sin conocerla me imagino que usted antes de correr caminó y antes de caminar gateó. Bueno, todo se hace de manera progresiva. Es razonable que si vive acelerada, le lleve un tiempo ir graduando su ritmo. Verá que a medida que pase el tiempo, y comience a tenerse paciencia, la tendrá también para los demás. Y notará que podrá correr, pero a la vez parar, caminar; a la vez sentarse a meditar, y así, asá, llegará a donde quiera ir con suavidad mental. Es usted una persona vivaz, ¡permítase reponer energía! Notará también, a quienes en el camino desean ayudarle y a quienes usted puede ayudar. CORREDORA: ¡Oh perdón! ¡No lo había notado! pero... ¿puede ser que usted...esté necesitando ayuda? AZUL: Sí, gracias por preguntarlo. ¿Sabe dónde puedo hallar a la Reina Sochia? CORREDORA: ¡Sí, cómo no! Encantada de poder ayudarla. ¡Tanto correr y ni me había fijado todo este mundo de la ayuda jajaja! Por favor, si me permite la acompaño. Tomando su brazo fueron caminando saliendo de escena hechas muy amigas. Se cierran los telones y aparece la Reina Sochia con la doncella Lilah siguiéndole detrás. REINA SOCHIA: ¿Y dónde están? ¿Se han ido? (La doncella Lilah también miraba para todos lados buscando) TUTICO: Caramba, pensé que estarían aquí... ¡ah! ¡cierto! Perdón reina Sochia, qué distraído he sido. Se reunirían todos a la vez. Pero antes faltaba que llegue Coronado, que en cualquier momento lo hará. REINA SOCHIA: ¿Coronado? ¿Y ese quién es? ¿Cómo no le conocí? TUTICO: Es que había olvidado contarle qué ocurrió con Coronado. Por favor reina Sochia, si le parece bien, volvamos al salón para que le cuente. (Se cierran los telones) Se abre el telón externo con una persona recostada en un sillón mirando una televisión que hacía bang bang. Se paraba para buscar palomitas de maíz luego de oírlas hacer ruido en la cocina (que no aparece en escena). Luego de sentarse se volvía a parar y decía: INDIVIDUO: Ya las pelis de bang bang me han aburrido -suspirando-. Y aunque me resulte grato escuchar el sonido a petardos de las palomitas de maíz, creo que ahora es EL momento para escuchar -frotose las manos- algo de música. (Enciende un equipo de música del cual sale un sonido de plaf plaf y se pone a bailar según el ritmo del plaf plaf). En ese preciso instante alguien le golpea la ventana. Para el equipo de música y se acerca sorprendido a abrir la ventana. Desde allí se lo ve al superhéroe de cabeza y mechón rojo. CORONADO: ¡Hola! Si me lo permite, desearía hacerle una invitación. El individuo que tenía gusto por los ruidos, se sorprendió, y acercó una silla próxima para sentarse junto a la ventana a oírle. CORONADO: Comprendo que le gustan ciertos sonidos en particular. Quizás a usted le molestaría que otros los califiquen de ruidos, pero en esta ocasión me gustaría aconsejarle nuevos sonidos. Le sugiero la música de la paz. INDIVIDUO: ¿Paz? ¡Ja! A mí me gusta la acción. CORONADO: La paz, caballero, sobrevuela la acción. El deleite no debe por qué infringir dolor, o causar constantemente perturbaciones alrededor. Las vibraciones, aunque provengan de un equipo de música, del televisor o inclusive de la cocina, tienen sus consecuencias. Sepa, por tanto, que puede permitir en su vida ingresar vibraciones serenas, frecuencias suaves de armonía. Es una cuestión de sentir con el corazón y fluir en ese plano. Se puede crecer en el amor. (Aleteando aparece en la puerta, donde la golpea y el individuo le abre). Preste, por favor, especial atención. Escuche. De fondo se podía oír gente diciéndose "¡Te quiero!", risas de niños, carcajadas de ancianos. CORONADO: ¿Qué le parece? INDIVIDUO: Había olvidado que aquellos sonidos... a veces... hasta parecen una melodía... casi no podía oírla con lo que venía haciendo. CORONADO: ¡Ah! ¿Ha podido percibir como una especie de canción entre tales sonidos alegres? ¡Maravilloso! Cada cual le pone una música especial a su vida, ¡llene la suya de paz, de amor, y pronto podrá oír aún más sonidos de dulzura, de ternura! Y no sólo es una cuestión de lo que uno llega a oír, sino del modo en que uno observa a su alrededor. Acompáñeme que quisiera compartir con usted y junto con muchos más la melodía de lo gratificante. Y saliendo el individuo junto con Coronado se fue cerrando el telón. Al abrirse el telón externo aparece reina Sochia nuevamente meditando hasta un extremo donde se para con las manos en posición pensativa. Al poco tiempo aparece la doncella Lilah, que un poco atolondrada con su vestido casi tropieza, pero contiene la caída y se queda junto a la reina también en posición de reflexión. Luego aparece Tutico, a paso firme. REINA SOCHIA: Es una historia bonita, casi que diría poética. La doncella Lilah asentía mientras tomaba su corazón y movía su cuerpo como bailando una canción romántica. TUTICO: Los testimonios que nos han llegado, no solo de primera mano de quienes se encontraron con estos superhéroes, sino inclusive muchos testigos de los casos, confirman a las claras los sucesos relatados. Es un fenómeno pocas veces acaecido hasta donde tengo conocimiento. Sin dudas, me atrevo a decir, lo que está ocurriendo en el reino es algo indudablemente espectacular. REINA SOCHIA: Qué bien que hayan venido, realmente tengo enormes deseos de conocerles. ¿Ya han llegado todos al palacio? TUTICO: Sí, su Majestad, ¿los hago pasar al salón o al anterior salón donde habíamos quedado? REINA SOCHIA: Mejor nos reuniremos en el jardín del palacio. Salen de escena, hasta que se abre el telón y aparecen los superhéroes (detrás un bellísimo jardín). Se escuchan unas trompetas y aparece Tutico anunciando la presencia de la reina, la cual aparece caminando y detrás de ella viene corriendo la doncella, que, lamentablemente se tropieza con su vestido y se cae. DONCELLA LILAH: ¡Ay qué vergüenza! ¿Cómo salgo de esto? REINA SOCHIA (apurada intentando ayudarla, mismo los demás, pero ella, al estar más cerca, logra levantarla): ¿Estás bien? DONCELLA LILAH: Sí, nada me duele, más que la vergüenza de haberme caído frente a todos. ¡Encima en un momento tan importante! REINA SOCHIA: Ánimo Lilah, son cosas que pasan. Tranquila, arriba, arriba y a seguir. Y asintiendo con estas palabras uno a uno los superhéroes hablaron: BONASERA: Cuando uno cae, no hay que deprimirse por haberse caído... AZUL: ... sino buscar levantarse... CORONADO: ... buscar la energía positiva... DON MODESTO: ....para fortalecerse y avanzar. DONCELLA LILAH: Gracias, me siento muy reconfortada. ¡Gracias! Tutico los presentó mencionando sus nombres y se saludaron con cordial reverencia. REINA SOCHIA: Gracias Tutico. Él me ha ido contando lo mucho que hicieron aquí, les estoy agradecida profundamente, es muy admirable lo mucho que nos han ayudado, me siento muy muy emocionada de llegarlos a conocer, y en reconocimiento, como podrán observar alrededor está la población, que ha aprendido tanto y les está agradecida, todos, sí, todos hemos aprendido... por favor tengan a bien aceptar nuestro agradecimiento... Todos los aplaudían y les daban las gracias. Los superhéroes asentían muy contentos. REINA SOCHIA: Pero... un momento...¡no son pájaros! DONCELLA LILAH: ¿Qué le hace pensar eso, su Majestad? ¡Mire qué alas tan grandes! Los superhéroes giraron con cierta sorpresa por el comentario. REINA SOCHIA: ¡Pero si hasta tienen manos! TUTICO: ¡Ah! ¡Qué clase de aves son estas! DONCELLA LILAH: Ni modo, ¿es que acaso hay algún problema que no sean pájaros? REINA SOCHIA: Ehm, no, la verdad. Les pido disculpas por mi asombro y les agradezco todo lo que han hecho. ¡Son unos auténticos superhéroes! AZUL: Gracias Reina Sochia, es usted muy amable. Simplemente deseamos caminar por el camino correcto y que los demás nos acompañen. DON MODESTO: Pero siento que nos está quedando grande la palabra superhéroes. Continuando lo dicho por Azul, nos complace saber que hemos sido de ayuda. CORONADO: Sí, nos alegra muchísimo que nos tengan en alta estima, pero nos gustaría que todos sepan que cada uno tiene la posibilidad de crecer haciendo bien. Con los buenos ejemplos se pueden hacer grandes cosas. BONASERA: Existe una luz muy superior que nos va guiando, y nosotros decidimos seguirla. Si tienen corazón predispuesto a lo bueno y están muy atentos, ustedes también la irán notando. ¡Y dicho todo esto, nos trasladamos para seguir recorriendo el bello camino de la bondad! REINA SOCHIA: ¡Que les vaya muy muy bien por todos los lugares donde se dirijan! ¡Aquí nos esforzaremos mucho! DONCELLA LILAH: ¡Gracias por las enseñanzas! TUTICO: ¡Gracias por habernos tenido en cuenta y ayudado!
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