Tabladetextoquierocontarlesalgo
 

“Quiero contarles algo…

El jardín de invierno”

Autor: Iki.

 

*21/02/18

 

Torcazas

 

Resulta ser que de un balcón que comenzaba a llenarse de plantas, comenzó a albergar una inesperada camada de pajaritos. ¡Qué sorpresa! ¡Uau! ¡Un nido en una maceta! Asombroso. ¿Quién diría que elegirían este balcón? Y pasaba el tiempo.... y los huevos eclosionaron.... y los pichoncitos comenzaron a crecer... ¡ay qué ternuritas! Hasta que uno se hizo grande y voló a la otra cuadra y ya, hizo su destino. De lejos se lo podía ver alimentado por sus padres. Habrá ido a buscar novia, quién sabe.

Cuestión que quedó la pinchoncita. Que no se animaba a volar. Le enseñaron de a poquito, de aquí para allá. Que se come esto, y así. Pero ella igual quería que le dieran la comida servida. Y los padres corriendo perseguidos por ella.

Hasta que en un momento comenzaron a comportarse distinto... con exceso de confianza digamos... Se ponían junto a la ventana que da al balcón. El gato se exasperaba, tiraba todo lo que estaba alrededor. Pero las palomas volvían a acercarse. Aún poniéndoles alimento alejado del sitio, ellas reincidían.

Ya me empecé a preocupar sobremanera por dos razones: una, que lo enfrentaban al gato, y otra, que cuando yo quería almorzar aparecía toda la parentela contra la ventana.

¿Era posible que, además de la pichoncita, estaban por formar un nuevo nido? ¡Epa! ¡Pero si la pichi todavía no se independizó!

Y se los podía notar acomodando sitio para un nuevo hogar en otro rincón... aahhh, ahí ya no lo podía creer.

Porque el balcón ahora, ya no se puede acceder, y quiero limpiarlo, pero no me animo si están ellas. Pero hay que hacerlo, no queda otra, es un zoológico sin mantenimiento. Antes hacían popó en un rincón, ahora por todas partes. Y no sólo eso, sino que coloqué elementos para delimitar la zona, su territorio provisorio y el mío. Y aún así avanzaron. ¡Ah! Y pensar que pensé que nos entendíamos.

Están pasando los límites.

En un momento saqué un balde. Pero seguían ahí. Entonces, me armé de coraje y tomé un aspersor con agua. ¡Y lluvia, lluvia! Ahí comenzaron a inquietarse, y luego de un rato de llovizna se movieron a otro costado del balcón. Sin retirarse, claro, pero es algo. Es que temo que aniden y no me den tiempo a limpiar todo eso. Cuando estaban con el anterior nido ni salía. Tan sólo una rápida regada a las plantas, y pocillos de alimentos.

Pero ahora están grandes, pueden conseguirse los alimentos. Además hace calor, no es que es un invierno donde es difícil conseguir comida. ¿O tal vez será que en esta región es difícil conseguir comestibles? No lo creo, si hay plantas alrededor. ¿Qué haré? ¿Qué harán? mmm...

 

***

 

*22/02/18

 

La luchia

 

Pensar que me entusiasmaba tanto la idea de la naturaleza y todo eso... Las palomas insisten. Hace horas que intento alejarlas del balcón. Vuelven. En menos de dos minutos, vuelven. Una y otra vez. Y así sucesivamente. Se pasan todo el día intentándolo. Intento alejarlas pero ellas regresan, avanzan poco, avanzan mucho. Me miran desde las otras ventanas, se fijan si estoy o no estoy. Por más que las aleje, intentan otra vez.

 

Comencé buscando "cómo alimentar aves en mi balcón" y terminé mirando páginas de "métodos para ahuyentar palomas". Es increíble el nivel de confianza que tomaron. Y si no les ponés alimento, ¡te lo exigen! Primero, una gran limpieza del suelo, que lo llenaron de popó. Y del nido donde ya los pichones, tremendos grandulones, no están más. Pero... ¡oh! Los pájaros no tardaron ni cinco minutos que ya querían aprovechar el servicio de limpieza para instalarse. El gato no quiere saber nada con salir. Y reniega, pobrecito. Al menos ya no hay mal olor, pero cuando aparecen, ya sé que es probable que no hagan como al principio, que casi no dejaban popó, sino que, como entraron en confianza, ya parece un baño público abandonado. Ahora limpio el suelo, me preocupa que lo intenten. Botellas desperdigadas en macetas para que no aniden. Chau fuente de agua. Pero, igual, regresan.

 

Se esconden, pero andan ahí. Si yo me pongo en un rincón, inmediatamente veo que se acercan, giran la cabeza buscándome. Ay, y si salgo, se quedan, hacen como que se van, pero sólo un par de pasitos. Lanzo agua, y se alejan. Pero luego, vuelven.

 

¿Y ahora?

 

***

 

*23/02/18

 

En esta esquina

 

Tenemos a una paloma, torcaza reincidente, que regresa infatigablemente al balcón. En esta otra esquina, el requerimiento imperioso que habilite el balcón y que desista de una buena vez. Investigo horas y horas para hallar solución a este flagelo. Noto que son varias las personas que, movidas por la compasión, decidieron permitir que aniden una vez que encontraron los huevitos. Pero luego al crecer los pichuelos, volvían las palomas. Y varias, con otras, y se hacían palomares. Descontrol. Ni que hablar del olor que dejan cuando hacen uso del baño. He leído casos impactantes donde ni se gastaban en hacerles el nido, dejaban el huevo en el suelo y ya.

 

Estoy probando con varios métodos, pero aún así, ella regresa. Apenas si aletea cuando le lanzo agua con el aspersor. Lo desafía al gato, se le pone cerca, en altura, donde sabe que no llegará. Osada, cada vez se acerca más. Botellas, papeles reflectores, tiras disuasivas. Aparentemente, muchas son las palomas que deciden pasarse el día haciendo esto. Día tras día. Lo que empezó siendo un tierno momento de la naturaleza terminó convirtiéndose en un ejercicio a la paciencia.

 

Ayer le hizo popó al gato. Dejó una hoja con popó en un calzado próximo a la ventana. Se está pasando esta paloma.

 

 

 

***

 

*26/02/18

 

Quién fisgonea a quién

 

Creo que los vecinos ya me ven como una desquiciada del aspersor anti palomas. Es que cada diez minutos tenía que salir para ahuyentarla. En un momento siento una mirada. una mirada en la distancia. Pensé que ya la paloma me estaba haciendo delirar. Pero no. Dos individuos mirando con cara de preocupación. Me metí rapidito sin decir nada...

 

***

 

*02/03/18

 

La mudanza de la paloma

 

Será el repentino refrescar, alguna lluvia, alguna de las técnicas (¿o se dice tácticas?) disuasivas. Quién sabe, pero la paloma dejó de venir tan seguido, y ahora ya casi no la veo. Pero tengo algo nuevo de lo cual preocuparme. Sucede que escuchaba que subían en el ascensor y yo pensaba que era la correspondencia. Entonces abro repentinamente la puerta y no, no había nada, pero me cruzo con la misma mirada del otro día. Ah... era mi vecino. Claro, debe ser que aquel día estaba con el plomero resolviendo algo arriba. O no sé. Tal vez ni era el plomero.

 

Dije "oh perdón es que..." y me regresé a casa, como ñandú con la cabeza en un agujero en la tierra. ¿Cómo explicar algo tan largo en tan poco tiempo?

 

***

 

*07/03/18

 

Timing

 

Estoy intentando acertar el momento para dejar mi basura sin cruzarme al vecino. Me da la sensación que justo cuando quiero tirar la bolsa de residuos él llega. ¿Cómo puede ser?

 

***

 

*14/03/18

 

Cuestión de telas

 

Me recorrí de un lado a otro el mercado y seguía sin encontrar el gran trapo del que estuve pensando toda la semana. Uno de puro algodón, simple sin teñir y bien suave, me vendría tan bien como un mini manto o como un colchoncito para el gato. Me estaba demorando lo suficiente como para que los encargados del local comenzaran a sospechar cualquier cosa. Y como no quería que pensaran mal me resigné, no sin antes haber intentando hallar el trapo que diera con mis expectativas probando telas entre los estantes de limpieza. La cajera me sonrió muy amablemente, y dejé mi preocupación de lado. A dos personas de distancia estaba mi vecino formando fila. Y pensé: ¿debería de saludarlo? ¿y si me vio probando trapos? ¿qué pensará de mí? ¡ay!

 

Por supuesto que no lo saludé. No por una rebeldía a las normas sociales. Es que.... es que cómo le saludaría si había alguien en el medio, no? O sea.... qué incomodidad para esa persona.... Además tal vez ni siquiera me recuerda el vecino.... Y seguro que estaba pensando en otras cosas como para fijarse si tiene algún conocido a su alrededor. Y además ya tenía que irme. Chau chau señorita, que tenga un buen día usted también, sí gracias. ¡Ah! ¿cuándo vendrán de esos trapos grandes lindos tan suaves que...? ah.. pronto. Claro, lo imaginaba, luego me doy una vuelta, en los próximos días. Sí, claro, cómo no. Hasta pronto, ¡ah! por favor mándale saludos a Rosenda de mi parte, espero que ande bien la familia, ¿sí? me alegro, saludos.

 

***

 

*21/03/18

 

A veces las cosas no salen como uno quisiera

 

Es el día de la total indignación. Primero, que pasé un par de veces por el mercado y no, no está el trapo. Pero tampoco me puedo quejar, porque tranquilamente pueden no traerlo, además quizás todavía no está en sus planes pedirlo al proveedor. O no lo sé. Caminando me fui a buscar a otros locales el famoso trapo, y ninguno tiene un trapo decente. O al menos el trapo que yo quiero. Había unos con estampas pero no me parece que al gato le fuese a gustar. Supongo persistir en la búsqueda. Me dio hambre y entré a una verdulería. Pedí alguna que otra fruta y me fui. Decidí probar alguna en el camino y la banana, magullada. La manzana, toda aplastada. ¿Volver para reclamar? Gastaría más tiempo y energía que la recompensa de obtener una fruta en mejor estado. Continué mi camino a casa, pasando enfrente del verdulero al que le suelo comprar, sintiendo que lo traicioné y el pago por haberlo hecho, por haber comprado en otra verdulería, fue tener las frutas en el estado que quedan después que la gente las prueba al tacto presionándolas demasiado.

 

***

 

*22/03/18

 

No va más

 

"¡Nooo!" Escucho por la noche. ¿Mi vecino quejándose? ¿Me habré reído muy fuerte? ¿Desafiné? Corro a la puerta. Pego la oreja y escucho un "Esto así no va más, ¡no va más!". Apa....¿tenía novia? ¿qué hago haciendo estas preguntas? Por favor, qué vecina más chusma. Escucho que abre la puerta... tal vez le pasa algo y necesita ayuda... mejor miro por la mirilla... Él sale, enciende la luz del pasillo. Mantiene su puerta abierta y saca una caja de cartón que deja en el cuarto de la basura. Entra a su casa y cierra la puerta.

 

Mmm...Recuerdo que tenía que tirar la basura yo también antes que pase el encargado con su ronda diaria de recolección de residuos. Mmm...¿pero no quedará mal? No, vamos, lo tenía que hacer igual. Ya fue, llevo mi bolsa, tampoco es que había generado tanta basura pero bueno. Abro el cuartito y ¿qué veo? ¡Una estufa! ¡Lo que no iba más era la estufa! Se ve que se le habrá roto. Y sí, yo una vez me compré la misma mismísima (porque en la caja también está la misma marca que compré) y puedo decir que esas duran poco y nada.

 

***

 

*30/03/18

 

¿Y quién es ella?

 

"¡Riiiiing!" ¡Pero che, si el timbre del vecino suena como si fuera el mío! ¿De qué son estas paredes, de cartón? Y una, que se ilusiona. Levanté el tubo del portero eléctrico y antes que saliera de mi boca la palabra del saludo, escucho un "¿Qué hacés nena? Dale pasá que hace una hora que te estoy esperando". Epa... qué nivel de confianza. Unos instantes después una mujer que tranquilamente bien podría tener mi edad toca el timbre de mi vecino. Él la saluda con un gran abrazo y la hace pasar. ¿Es la novia? Debe ser que se puso de novio. Debe ser LA novedad, porque no suele recibir visitas. Ay qué indiscreta que soy, pobre muchacho.

 

Se están riendo. Es hora de la cena. Ya deberían dejar de hacer tanta carcajadas, ¿no? Hay gente que quiere dormir... y dormir temprano. Dormir temprano es saludable. Le vendría muy bien a mi vecino. No sé de qué trabajará, pero sale temprano y vuelve muy tarde. Debe estar cansado. Mejor que duerma. Que descanse.

 

Escucho que salen.

 

***

 

*04/04/18

 

El extraño

 

Friiiita, hoy estaba friiiiiiiiiita. Qué cansancio por favor. ¿Y qué mejor para un día así? Sí, lo mismo pensé: ¡milanesas con fritas! Pero... salir...mmm, vamos, un gustito... Y fue. Llamé para que me entreguen la cena a domicilio. "Riiiiiiiing" (timbre del portero eléctrico). ¿Eso fue acá? "¿Hola?" (voces a lo lejos) "Dije hola. ¿Me escucha?" Y no entendía qué se decía. ¿Espero o no espero? ¿Era o no era? ¿Estará andando bien esto? Mmmm, ¿y si un vecino aprovechó y se llevó mi comida? Ay no. Eso sí que no. Mejor me apuro. Bajo y lo veo del lado de afuera de la entrada. ¿Quién iba a ser? Claro, qué pillo, ya le viene la comida servida, ¿no? Encima que no te deja dormir, te lleva la comida, TU comida a SU casa. Habrase visto cosa semejante. Increíble cómo está la sociedad actual. Abro decidida la puerta del edificio, indignadísima. Lo miro, me sonríe. Qué tupé. Le digo: ¿se puede saber qué está haciendo?

 

Y se queda en silencio. Con una sonrisa boquiabierta. Lo mira al que entrega los pedidos. Me vuelve a mirar a mí. Y yo, cada segundo más furiosa.

 

"¿Cómo?", me dijo. "Lo que usted escuchó", le respondí.

 

Volvió a mirar al del pedido. Miró al vacío. Y luego de unos segundos que me resultaron interminables, sacó la billetera, le pagó, tomó la bolsa y el muchacho le dio un papel para que firme. Ahí comencé a sentir que se me aflojaba todo. ¿Desde cuándo en la entrega de comida daban un papel para firmar?

 

En ese preciso momento llegó una muchacha, muy apurada, que tocó mi timbre. Era mi pedido. Roja tenía la blusa, que era la de la casa de comidas, y rojas tenía mis mejillas. Sentí un calor inmediato por el papelón. Ya en ese instante no veía nada, ni siquiera me acordaba dónde tenía el dinero. Le pagué, y entré. No sé qué habrá sido del otro muchacho, pero mi vecino estaba ahí, frente al ascensor, esperando que baje. Qué incomodidad....

 

- Ehm... perdón, yo me equivoqué, me confundí...

 

- Está bien, no pasa nada.

 

Y el ascensor, que se hacía cada vez más lento. Y qué silencio. Cómo es que en este edificio no aparecen los vecinos cuando se los necesita...

 

Y llegó el ascensor. Él lo abrió y me cedió el paso para que entrara yo primero. Pero viajar a solas...¿es un extraño? ¿debería considerarlo un extraño?

 

"Gracias, es muy amable de su parte pero me acordé queteníaqueblablum.." dije algo inentendible y mi rostro, cubierto de vergüenza, se alejó rumbo a la puerta. Y con el calor del momento, y el de la comida, fui a ver si ya tenían los trapos.

 

***

*08/08/18

 

La sospecha

 

Hace un tiempo vengo sospechando que unas palomas me observan... y cada vez pasan más tiempo en los alrededores... Me pregunto qué andarán tramando...

Cuando las observaba solía comer unas galletas deliciosas que hace rato que noto que no venden más en la tienda... cuántas cosas que me gustaban que no las logro conseguir. La observación no se siente igual sin el acompañamiento que esté a la altura. Nota mental: aprender a hacer las galletas esas o al menos algunas que se les parezcan. Aunque tal vez me haría bien no comer tantas galletas... ¡ah pero con lo ricas que son!

***

*10/08/18

 

El tiempo del ayer

 

El otro día me quedé pensando en lo feo que fue la despedida con la torcaza. No me gusta para nada pensar que todo terminó de esa manera... o sea... yo le tenía cierta estima... pero... se puso en terca, y no me hacía caso... y ella insistió en su postura, yo en la mía... Qué sé yo... Una pena, hubiese preferido que todo quedara en buenos términos. Espero que esté bien.

Me parece que una de las palomas que viene es la hija... sí, es que es ella, estoy convencida. Y cuando se pone junto a la reja, me pongo cerca y muevo los brazos para que se aleje. Pero luego medito y pienso.... ¿estaré haciendo lo correcto? Pero... ¿y si quiere anidar? ¡Cuántos peros! ¿Al final será cierto que vuelven las próximas generaciones? ¿Tan rápido, será posible?

***

*15/08/18

 

El descanso

 

¡Vaya que son insistentes! Me causan gracia... me causan ternura... Las plantas se están poniendo lindas... imagino que a las palomas les debe gustar este sitio....

A veces me hago la distraída, y las observo. Al salir y llegar del trabajo, parece que saludan... Y uno se siente en compañía, ¿no? Quizás protegen... quién sabe...

El gato no quiere saber nada, les maulla. Mucho no me agrada que a veces no le hagan caso. Pero por ahora estamos... en cierta armonía. Tal vez sólo vengan a comer, a descansar. Qué curiosas son las aves.

***

*25/08/18

 

Coro

 

Me había ido a dormir temprano. Es decir, directamente llegada del trabajo, me tiré en la cama y a roncar. Pero descansar, lo que se dice descansar, poco y nada. Me despertaron unas risotadas.... por favor... la gente se cree que porque es viernes puede aumentar el volumen de su conducta desaforada. Medio de mala gana fui juntando coraje para decirle al vecino que haga silencio, que no rompa más los tejados, que no serruche la tranquilidad, y cuántas cosas más poéticas. En un momento escucho que sale con la muchacha esa, que bien podría ser yo, pero un yo que tiene energía de sobra, claramente. Y me dije: me la juego, voy y se lo digo ahí mismo, para que ambos aprendan a comportarse en sociedad. Escucho que llaman el ascensor. Tomo mi bolsa de basura, que utilizaría a modo de defensa por si se me retobaban.

Abrí la puerta... parecía que ellos estaban tan metidísimos en su conversación que hasta inclusive rieron a coro. Me miran, y ambos hacen un gesto de saludo con la cabeza. Les respondo igual y dejo la basura en el cuarto de residuos. Mientras cierro esa puerta ellos abren la del ascensor y bajan.

No sé si habrá sido la falta de sueño.... o que me pasé de hora durmiendo.... pero todavía no puedo creer lo que hice. Me quedé esperando junto al ascensor a que llegara mi vecino y ahí le reprocharía que sus reuniones me desvelaban. Y esperé y esperé. Y llegó. Al salir, se sorprendió. Y yo le dije que se notaban que tenían mucho en común.

- Claro, ¿por qué no? si somos hermanos.

Mis ojos se abrieron inmensamente.... ni se me había cruzado la posibilidad.

- ¿Debo su presencia a mi persona? -agregó.

- Por supuesto que no, yo ando haciendo mis cosas. Ahora, si me disculpa...

Y me acerqué a mi puerta. Él entró a su vivienda.

Pero yo no pude hacer lo mismo... ¡qué papelón! ¡debo tener el récord de papelones! ¡olvidé completamente las llaves!

Y sí, tuve que pedirle el favor de usar su teléfono para llamar a un cerrajero. ¡Menuda vergüenza la mía!

Pienso que lo de ayer fue un sueño...tiene que serlo...ay....hoy al menos, prefiero quedarme en casa viendo los pajaritos volar y volar... y qué lindas, hermosas, están las plantas...

Tal vez mi vecino también piense que fue un sueño... mejor así...

***

*11/09/18

 

Los nietos

 

Bueno... es un hecho, las palomas han anidado.

***

*13/09/18

 

Extraña novedad

 

Un ruido fuerte fue el primer inicio de alarma. Me acerqué a la puerta pero no oí gritos, es más, hasta me pareció haber oído algo parecido a... ¿una carcajada mínima? ¿Qué eran esos...golpes? Mmm. No creí que se tratase de alguien en apuros. A veces pasaba que las señoras del edificio se ponían hablar, y al hacerlo al salir del ascensor a veces lo olvidaban abierto mientras charlaban en el pasillo. Eso provocaba que otros tuvieran que dar aviso para que recordasen cerrarlo y así lograr que siguiera funcionando para los demás. Pese a ello, algo dentro de mí intuía que debía salir al rescate, en caso que estuviera ocurriendo algo... Entonces bajé con cautela las escaleras... Escuché la voz de un hombre... y una mujer... la voz del hombre me sonaba conocida...

- Gracias, realmente es muy gentil de su parte.

- Por favor, faltaba más.

Me asomo por los primeros escalones que iniciaban en planta baja y veo que estaba mi vecino junto con una muchacha... ¿una nueva vecina? De repente, ella me nota, y se sonríe. Absolutamente sorprendida porque me descubrió, avanzo unos pasos... no me saludan... tal vez él no me haya notado...

- Hola, ¿es usted vecina nueva?

- Sí, pero vamos, no es necesario que me trates de usted. Qué tal, soy Sonia, del 6° A. ¿Con quién tengo el gusto de estar hablando?

- Mire...mirá....mira...eeeh... este no es horario para hacer mudanzas. Las mudanzas se hacen los sábados preferentemente de mañana.

- Oh no pensaba molestar... es que justo se me venció el contrato de alquiler y no me daban la posibilidad de mudarme más adelante.

- No es excusa, haberlo planificado mejor antes.

La nueva se quedó en silencio y lo miró a mi vecino. Ya ahí me cayó mal. ¿Qué buscaba? ¿Que se pusiera de su lado?

- Bueno, mejor acelerar el trámite y así nadie se ve perjudicado - dijo él, como queriendo disipar el momento incómodo. Le puso la gran caja que estaba sosteniendo en el ascensor y ella le agradeció, diciéndole, además, que no necesitaba más ayuda, que podría sola. Él volvió a repreguntar y ella le respondió que cualquier cosa le avisaba.

Él salió, y yo volví a subir. Me pareció que la vecina había musitado algo... pero puede que yo estuviese confundida... Y vaya que sentía confusión...¿qué hacía mi vecino a esa hora de la tarde ahí? Qué metida, no creo que ni él tuviese la misma curiosidad de saber por qué yo también estaba.

***

*18/09/18

 

Ausencia

 

Ayer no estuvo en todo el día la paloma, ni tampoco hace rato que veo a su pareja. Me preocupé que dejara los huevitos solos. Pero hoy ya la vi, toda muy empollona, despeinada, cumpliendo su labor de cuidado permanente. Hace unos días también noté que hay otros pájaros que me andan observando... bueno... sin ir más lejos, un par de días atrás inclusive vi que se acercaron y el palomo los sacó, pero al otro día no lo volví a ver, ni al macho ni a los otros dos pájaros. Será que cuida de lejos...

De la vecina nueva no tuve más noticias, no escucho nada. Imagino que será decente, tal vez fui muy ruda... muy exigente. Ando algo suspicaz.

***

*22/09/18

 

Durante los silencios

 

Me encanta comer frutos secos. El gato me persigue para que le de, pero no, mejor que aprenda a comer cosas que sí puede comer. Mmm debería averiguar bien qué puede y qué no. Bueno, cuestión que estaba disfrutando de la tranquilidad del hogar, cuando sentí que alguien andaba por el pasillo. No sé, hace unos días venía sintiendo eso, sumado a que el gato se va contra la puerta, termino creyendo que es así, pero al mirar por la mirilla no veo nada. Hoy fue distinto, esta vez sí había alguien. La vecina le tocó la puerta a mi vecino y le preguntó si tendría algún taladro para prestarle. No sé qué le habrá respondido y hasta tengo la sospecha que habrá ido a ayudarla, pero son todas elucubraciones.

No sé, no se me hace que sea de fiar. Yo no anduve pidiéndole favores, bueno, sí, lo del cerrajero. Mejor ni recordarlo.

***

*29/09/18

 

Cambio de clima

 

Se largó semejante tormenta, que me preocupé bastante por la paloma, ¡todo lo que tuvo que soportar, pobrecita! Pero no entiendo por qué no hace su casa con techo. Fui a comprarle algo de semillas, a ver si así podía llevar mejor la situación, tan despeinada, súper mojada... Pero... no comió nada, o eso creo, y eso que chequeo, pero no. En un momento se fue, habrá ido a comer a lo lejos, pero regresó. Bien, así puede continuar empollando.

Aahhh la primavera... además de las lluvias, trae consigo los hermosos aromas de las plantas, ¡qué flores más preciosas! Lindísimas.

***

*05/10/18

 

Gracias por la visita

 

Hace más de una semana vi un "pollito" de la torcaza pidiéndole comida con gran insistencia. A su lado un plato con semillas esperaba ser consumido. No sé bien si es que la paloma lo aprovechó, porque no alcanzaba a ver, espero que sí. Luego de la tremenda tormenta, me alegré inmensamente al notar que las ramas hicieron de protección para que pudieran sobrevivir las aves. Una semana después, no sé si porque estaban reparando una vivienda cerca, o qué, pero se fueron. Me apenó no saber nada de ellas. Sin embargo por la mañana un tierno pajarillo, con no mucho equilibrio, pasó por la reja, me miró y luego se fue. Creo que era el crío de la torcaza, y a su manera, calmó mi intriga. Y lo vi tan lindo, me alegró mucho saber de él, saber que se hizo tan fuerte que inclusive aprendió a volar.

***

 

*06/10/18

 

Amistades ajenas

 

Parece que el vecino tuvo reunión de vuelta, o eran de su trabajo, o un grupo de amigos, o compañeros de estudios, no lo sé. Sí, serán sus amigos. A uno creo que me pareció conocerlo de antes, es extraño, pero creo haberlo visto en la calle. Y lo más raro aún, es que hasta creo haberlo visto en la tienda donde hago las compras más específicas de limpieza y alimentación. Pero puedo estar muy confundida.

***

 

*08/10/18

 

La panza que habla

 

No sé ya por qué razón, pero creo que no me cae muy bien la nueva vecina. A veces creo que se ríe muy fuerte, pero hasta me da la sensación que ni su risa es verdadera. Tal vez estoy siendo muy exigente observando a los demás. El otro día, por ejemplo, cuando fui a la tienda vi que al cajero no lo atendió muy bien, después hizo como que se reía, a modo de hacer pasar su comentario como una broma, pero al cajero no le vino muy en gracia. Lo noté, aunque lo quiso disimular. A veces hasta lo siento como un familiar, así que su gesto automático facial hizo que yo comprendiera su incomodidad. Ella me vio de reojo y me saludó con una sonrisa. Una sonrisa que era una réplica de cuando la vi por primera vez. A mí me resultaba incómodo devolverle la sonrisa luego de haber presenciado ese trato destrato. Incliné la cabeza cerrando suavemente los ojos, a modo de saludo, pero cuando los alcé no pretendí que ella siguiera estando allí.

Después fui a la panadería, siendo principio de mes, me quería dar un auténtico gusto. ¡Mmm esas masitas dulces! "Pero sólo menos de un cuarto eh", me dije. Cuando salí, estaba tan contenta, ¡tendría una merienda de lujo! Fui caminando el par de cuadras, para cuando traspasé la esquina de la cuadra donde vivo, vi a metros a mi vecina, ¡otra vez! ¿Tanto se demora en llegar a su casa? Bueno, yo también hice mis compras, ha sido coincidencia que nos reencontremos. Aminoré el paso y en eso observo que sale del edificio mi vecino. Salía como muy concentrado, tenía la mirada muy pensativa, y medio apurado siguió su dirección. Ella lo saludó y me pareció que dejó caer "accidentalmente" un papel que tenía entre tantos en una de sus manos (en la otra llevaba unas bolsas de compras). Para cuando ella entró cerrando la puerta detrás de sí, él pareció notar el papel caído en el suelo, y aunque estaba apuradísimo, tuvo la delicadeza de agacharse y tratar de alcanzárselo.

¿Qué debía hacer? ¿Ralentizar aún más mis pasos? Hice lo que pensaba hacer desde un principio: llegar a casa. Entonces entré, no llegué a escuchar la conversación, pero él salió saludándonos, y ella entró al ascensor. "Hay lugar, podés entrar."

"Gracias, pero creo que prefiero esperar, tengo bolsas y..."

"Dale, no seas zonza, yo también traigo bolsas, justamente te conviene no esperar."

Parecía tan simpática. Le di la chance. Entré al ascensor. Me habló y era toda amabilidad, me hablaba bastante para lo corto del trayecto. Nos despedimos y me pareció como que había adquirido una amiga nueva. Pero extrañamente, sentía como náuseas, o algo raro en la panza. ¿Algún presentimiento?

***

*11/10/18

 

Encuentro

 

¡Llegó el trapo! Bueno, no es juuuusto el que buscaba, pero es genial igual. Y me sorprendió dar con él. Cuando iba por la calle sentía que alguien me seguía. Apuré el paso, crucé la vereda, y noto que un individuo se acercaba más y más. En un momento me grita "¡Señora! ¡Señora por favor! Permítame ofrecerle un set de limpieza, ¡completísimo!". El semáforo lo favoreció, porque tuve que esperar a que cambie de color la luz. Se quedó mostrándome esponjas, bolsas, y muchos elementos útiles para limpiar, ¡ah! ¡Cuando vi que tenía el trapo que tanto buscaba me puse contentísima! Tenía una costura particular en los bordes, me pareció muy bonito, un detalle original. Se lo dije al vendedor y me contó que la fábrica que hacía esos trapos había cerrado. Pero que un proveedor compró una parte y se quedó con la confección de esos trapos, por lo que estaba probando si la gente podía llegar a interesarse con los detalles que le agregó. ¡Me alegró el día! Le di un fuerte abrazo, claro está que le pagué por el trapo y me fui contenta, muy muy contenta porque ya tenía un hermoso trapo. Se lo mostré al gato y al instante quiso aprovecharlo a modo de colcha sobre el suelo.

***

*13/10/18

 

Trapo de plumas

 

¡El gato cazó una paloma! ¡Y chau trapo! ¡Se llenó de plumas!

Suelo barrer desde una dirección a la opuesta, pero esta vez decidí hacerlo distinto, comenzar en otro sitio. Porque sí. Mientras barría escucho un golpe seco, algo, a la altura del balcón, se cayó. Sentí como un presentimiento extraño... giré mi cuerpo y lo vi al gato, avanzando con sus patitas tambaleándose al costado y trayendo una paloma en su boca. ¡Qué susto por favor! Encima que este gato es de lo más mañoso, que no es de comer otra cosa que no sea comida en paquete (y no entiendo por qué no acepta otra cosa), verlo así... ¡en su estado natural! Aunque creíble, a mí me parecía sorprendente. No quise ver más, y busqué abrir más el ventanal que daba hacia el balcón, a ver si de alguna manera, lograba que la soltase. El gato iba de un lado a otro de la casa. Y yo, tan asustada, no se me ocurrió otra idea que tomar el teléfono y llamar al encargado. "Pero qué, ¿qué pasa? No te entiendo", me decía. Es que no me salían las palabras para explicar en dos o tres todo lo que ocurrió, lo que ocurría y lo que temía que pudiese ocurrir o siquiera si es que se podía hacer algo. En el mientras, sentí unos aleteos, ¡entonces la paloma estaba viva! ¡Ahh! Traté de concentrarme en pedirle ayuda al encargado, explicándole mejor y repentinamente.... otros ruidos... pero esta vez en el balcón. Me fijé... y la paloma ya no estaba... será que logró escapar del gato... Me apuré para hacer que el gato regresase al departamento y cerré la ventana. Plumas por todas partes... ¡será que se pelearon mientras hablaba por el teléfono! ¡Tremendísimo! Y ahora al verlo al gato, ya me daba miedo a mí ja ja. Bueno, luego tuve que avisarle al encargado el resultado. Cada día tiene su novedad...

***

*16/10/18

La cautela de los olvidos

 

Mientras subía en el ascensor tarareaba una canción con la que me había despertado. Estaba intentando recordar la letra más allá del coro, cuando, a poco de cerrar la puerta, la melodía paró repentinamente al ver un individuo en la puerta de mi departamento. Estaba parado en posición de actor que está por conquistar a su actriz, o al menos eso parecía. Me sonrió con astucia y me saludó como si fuéramos vecinos de antaño.

¿Debía entrar o no? ¿Quién era? ¿Qué hacía ahí? Un raid de preguntas se apersonaban en mi mente.

- Disculpe, no pretendo sonar impertinente pero, yo a usted no lo recuerdo. ¿Necesita algo que está frente a mi puerta?

- Ah... siempre tan amable... -cuando dijo esto me irrité sobremanera pero mantuve la mirada tratando que mi parpadeo no lo revelara- eh... sí...este... justamente quería preguntarle si tiene la llave de los medidores... Hoy viene el gasista y quiero ser cauteloso...

- ¿Pero de qué piso es usted?

- Soy de acá, de este departamento.

- No puede ser, ahí vive un muchacho que... que no recuerdo que fuese usted.

- ¿No se acuerda? Mire, estuve hace poco aquí, nos saludamos... Hoy vengo a hacerle el favor de esperar a que venga el gasista. Él no podía estar en su casa, me dejó las llaves...

- Lamento no poder ayudarlo. Pregúntele mejor al encargado. Con permiso...

Abrí mi puerta y entré. Traté de recordar su rostro....y sí... era cierto... era amigo de mi vecino y alguna vez lo saludé. Tal vez me cayó mejor que la nueva vecina pero.... mejor prevenir.

***

*18/10/18

¿Qué cenamos hoy?

 

Luego de sumar horas extras en mi trabajo, y ya pensando que tal vez debería buscar uno nuevo, llegué a casa, tan pero tan cansada que no conseguía encontrar la llave. En eso escucho unas risotadas provenientes del departamento del vecino. "Ese sí que es un auténtico humorista", pensaba mientras permitía distraerme hasta dar con la llave correcta. Luego comenzó a abrirse la puerta...

- Pasa siempre, a mí también me pasó cuando me mudé a la anterior casa jaja Pero te digo más, justo hoy pensaba cocinar unas ricas pastas, y puede que algo para compartir haya... ¿me lo vas a negar?

Diciendo aquello salía la vecina. Al mirarme conservó su sonrisa. Yo no sabía qué cara poner. ¿Estaba obligada acaso?

Él me notó, y sonrió con calidez. Una extraña calidez. O tal vez eso fue lo que quise interpretar. ¿Qué estoy diciendo?

Levantó la mano poniéndola junto a su rostro, haciendo señal de una llamada telefónica.

Entendí inmediatamente que se ofrecía para llamar al cerrajero, yo le sonreí (¡qué atrevida!) y le dije que esta vez no era necesario. Los saludé y entré.

Mi vecina nada dijo, pero me pareció percibir que no le gustó mucho esa pequeña complicidad.

Si fue a cenar con ella, no lo sé, ni quise saberlo.

***

*19/10/18

Dulzura.

 

Me levanté pensando que era un fin de semana perfecto para no salir, para estar en pijamas disfrutando de la casa muy cómodamente. Cerca de la tarde me tocaron el timbre. Raro. Me acerqué y abrí.

- Hola, bonitos pantalones. -Miré inmediatamente lo que yo llevaba puesto, había olvidado tomar medidas precautorias, ¡qué vergüenza!, pero traté de disimular manteniendo una mirada firme, ¿recta? - Vine a pedirle un poco de azúcar...

- ¿Qué? ¿Acaso mi vecino y usted no pueden irse a comprar a la tienda de la esquina?

- Cuánta solidaridad mi dama. Su vecino, dícese mi amigo, no está. Me dejó a cargo del departamento y encima se ve que no hizo compras, porque ni azúcar encontré. Y no, no traje dinero, si puedo venir caminando acá, no esperaba tener la necesidad de traer algo. Pero si usted fuera tan amable...

- Pregúntele a la vecina de abajo, con ella tiene más trato.

- ¿Celosa?

- ¿Cómo dijo?

- Que si usted está celosa...

- Ah bien impertinente eh -y comencé a cerrar la puerta.

- No, espere (la sostuvo). ¿Puedo merendar con usted? No me gusta estar solo tanto tiempo. No sé cuándo vendrá mi amigo, pensé que ya llegaría...

- Lo siento, estoy haciendo las cosas del hogar. Saludos.

Y cerré la puerta. Creo que quedé como una vecina amargada. Estuve toda esa tarde pensando si me había excedido. Si fui muy agria... si... Pero... qué nivel de confianza este hombre, ¿no?

***

*22/10/18

Admirador secreto

 

Llamé y llamé al ascensor, y no venía. Estaba taaaaaaaaaan cansadaa. Ni ganas de quejarme tenía. Subí piso por piso. ¿Revisé si en ese piso la puerta estaba abierta? No, ni me fijé, ni sé si lo hice, ya ni me acordaba. Esos cansancios tan agotadores que uno ni recuerda qué hizo cinco minutos atrás. Mientras subía la escalera, cerca de mi piso, llegué a oír:

- Me encanta tu vecina.

- Voy a creer que me venís a visitar más seguido por ella.

- Puede ser... ¿me la presentás?

- ¿Qué? ¿Encima querés que te haga gancho? Además ya la conocés, no hace falta más presentación.

- Pero si casi ni hablé con ella, sólo un saludo y nada más. ¡Me encanta!

- No me hagas perder el tiempo...

- Dale si a vos también te gusta. ¿O no? Y si no, dejámela a mí...

No quise oír más. Intenté pensar en otra cosa mientras entraba a casa. ¿Cómo es que ahora mi vecina era la gran atracción del edificio a tan poco de llegar? ¿Qué le ven? Por favor. Sobre gustos...

***

*23/10/18

Siempre listo

 

Haciendo cálculos pensé que ahorraría más si hacía una gran compra. Mientras traía las bolsas pensaba lo bien que me hubiese venido comprarme un carrito y así no las tenía que ir llevando a los tumbos. Pobre la gente que tenía que ir esquivándome. Encima mucho equilibrio no tenía. En esto siento que algo me choca cerca del brazo, una de las bolsas se cae, se rompe la otra, y veo que quien corría apresuradamente tenía la silueta de mi vecina. ¿Cómo no se acercó a ver cómo ayudarme? ¡Ah...claro! Es que estaba muy apurada. ¿Cómo es que yo fui tan desconsiderada de no dejarle pasar? ¿Pero cómo no se da cuenta que no puedo ver quién viene detrás de mí? Ya estaba enojándome cuando siento una mano en mi espalda...

- Si usted me deja, la ayudo. ¿Puedo tutearla?

- No, pero acepto su ayuda.

¿Y quién era? Síiiiiiiiiiiiiiii, el amigo de mi vecino. ¿Será que era del barrio? ¿Qué hacía ahí?

- Qué desconsiderada esa vecina suya, hacerle esto....

No dije nada, pero como me sentí comprendida, un poco alivió mi enojo y le tomé más consideración a mi ayudante.

Me acompañó hasta mi departamento. Le dije que no era necesario que me ayudara más. Insistió de todas maneras con llevar las otras bolsas, y una vez en casa las dejó sobre la mesa. Sin que dijera más se retiró y justo ahí lo vi a mi vecino llegando, viéndolo a su amigo saliendo de mi casa... No se dijeron nada, pero pude notar la sorpresa de mi vecino. ¿Será que no lo esperaba al amigo? ¿O será que se sorprendió de verlo en mi departamento? ¡Tenía que aclarar esta confusa situación! No, momento, ¿por qué debía darle explicaciones? Además, seguro que su amigo le explicaría...

***

*24/10/18

A la conquista

 

Al final lo de los molinitos sirvió mucho tiempo pero con los fuertes vientos, más granizadas de por medio, terminaron volando. Los hilitos transparentes, de esos que se usan para pescar, sirvieron algo para desalentar el revoloteo, pero, o se fueron desprendiendo, o los fui retirando porque me incomodaban al querer estirar los brazos. De todas formas, la segunda generación anidó. Respecto a esto me gustaría contar mi gran sorpresa. Aquel pájaro que temí no hubiese podido sobrevivir a la caza del gato, creo que lo hizo y con creces. Días después me pareció verlo visitándonos, todo desplumado. ¿Estaba teniendo una actitud desafiante? ¿Era un temerario? Cuestión que luego lo encontré con compañía, ¡haciendo un nido en otra maceta! ¡Vaya! Y ya tenía ramas en su pico, ¿qué le podía decir? Así que creo que ya puedo decir que donde pasó la abuela, pasó la hija, pasó el nieto. Será que les gustó tanto el barrio que no quieren mudarse.

Ahora... que yo me quiero mudar, sí que sí. Esa vecina parece que se la pasa redecorando su casa, ¡qué de taladros! Además, el amigo de mi vecino, que parece que está en plan de conquista... ¡de conquista del fastidio! ¡Qué manera de encontrármelo en la tienda, aquí, allá! Y aunque procura mostrarse servicial, al insistir tanto se vuelve muy cargoso. El otro día me salió con algo del día de la amistad, que no sé de dónde lo sacó y que yo sepa es otra la fecha. Pero me saca cualquier fecha para dejarme pequeños presentes. "Justo pasaba por acá", suele decir cuando le da golpecitos a mi puerta. Si la próxima lo intenta me fijaré en la mirilla.

***

*25/10/18

Mezcolanza

 

-Le pido me disculpe que me inmiscuya... ¿pero es cierto que usted y mi amigo están saliendo?

LO QUE??!!!!!!!!!

Eso fue lo que todo mi ser se preguntó, y creo que mi expresión la escuchó hasta el cajero.

Estaba yo en la sección de harinas buscando algo para hacer unas ricas galletitas, cuando mi vecino, CASUALMENTE, se puso a buscar en la misma sección. Ya de por sí me parecía de lo más raro verlo en la tienda... pero bueno... comprendo que a veces uno tenga emergencias que le impliquen ir y comprar algunos productos básicos y... me estoy yendo por las ramas. Lo que menos me hubiese esperado es que me dijera lo que me dijo. Ni siquiera recuerdo que me saludara. Qué comportamiento más raro. Creo que mi espontánea y tal vez demasiado fuerte expresión respondió su pregunta.

- ¿Cómo se le ocurre?

- No quise ofenderla o incomodarla con mi pregunta. Lo siento.

- No, no, es que... ¿cómo se le ocurrió eso? ¡No! No tengo nada que ver con su amigo. Es su amigo, no el mío.

- Es que los vi en su casa... y además él dice muchas cosas de usted que pensé que tal vez ya habían generado una amistad...

- ¿Que dice de mí? ¡¿Qué dice de mí?! Mire, yo no soy quién para opinar de sus amistades, pero bien podría decirle, con la cordialidad que la amistad del paso del tiempo le permita, que deje de presentarse ante mi puerta. Comprendo que puede ser muy colaborador, que siempre está ofreciendo su ayuda, gracias, muchas gracias, pero, PERO, ya me está comenzando a fastidiar. Ay perdón, tal vez no debí decir eso. Pero por favor, modere sus amistades.

Y eso fue lo que le quise decir, que no sé si es lo que me salió decirle en el momento. Estaba algo nerviosa.

***

*28/11/18

Más de lo imaginado

Me decidí y me dije que este sería el día perfecto para hacer mucha actividad física. Así que le di un abrazo al gato y le dije que daría una vuelta, que me esperara con tranquilidad. Caminé y caminé, recorrí el barrio y ya que estaba aprovechaba y preguntaba en cuanta tienda o kiosko veía, por las galletitas. Debo admitir que mejoré mucho al cocinar unas parecidas, creo que cada vez me salen mejor, pero bueno, me falta perfeccionarme más. Con tanto caminar, ¡me dio un apetito! Pero nada de nada. Me senté en una plaza, algo exhausta y me puse a observar, la gente jugando, charlando, disfrutando. Los pájaros cantando súper contentos, el verde de las plantas creciendo y creciendo... ¡Ah! Qué precioso regalo percibir todo eso. Respiraba hondo y sentía mi ser crecer. Me alegré mucho. Me levanté y continué mi recorrido. Pasé por otras calles, descubrí algunas nuevas, me sentía toda una turista. Al momento de emprender el viaje de regreso pasé por un kiosko, pero antes de llegar, a unos metros, ¡oh sorpresa! Unas monedas en el suelo. Las tomé y le pregunté al kioskero si eran suyas o si sabía de quién eran para dárselas. Él rió y me dijo que estaba de suerte, que las aprovechara inmediatamente. Le pregunté si tenías esas galletas que tanto buscaba, ¡y me dijo que sí! ¡ah! ¡sentí que era un súper combo de alegría! Le agradecí muchísimo y luego de pagar me retiré. El kioskero estaba muy asombrado por la intensidad de mi alegría, y me saludó muy contento él también.

Para cuando llegué a casa sentía que todo se iluminaba, ¡y qué lindo fue como me recibió mi queridísimo gato! Sueños muy felices tuve aquella vez. Sueños de plazas y alegrías.

***

POSTEO 01/11/18

Que sí, que no

Aquella noche, la del encuentro en la tienda, no paré de pensar los mil y un supuestos. Ya pasó una semana y no nos volvimos a ver. Estar está, estoy convencida. ¿Debería hablarle? ¿Habré sido muy ruda? Ay...

***

POSTEO 02/11/18

Lluvia en el consorcio

 

¡Rrrrinnnnng!

Miré por la mirilla. Que si era el amigo de mi vecino, que ni le atendía. No, basta, ya es demasiado. Pero no, no era. Atendí, era la vecina de abajo, la del 6° B. Parece que era una catarata su cocina por culpa de algún caño de la mía. ¡Ahhh! Qué deleite para los plomeros.

Bajo, puesto que me quería mostrar la fuga acuática. Entro y sí, ¡una lluvia! Aunque con lo de la catarata tal vez exageró. No tenía tan buen aspecto, ¡pobre techo! La entendí inmediatamente. Estábamos ahí hablando del asunto cuando escucho la voz de mi otra vecina: su vecina de enfrente. La menciono, mi vecina me mira con cara de hastío y me hace un gesto como que mucho no la soportaba. "¿Habla muy fuerte, verdad?", y ella asintió. Le dije que yo también llegaba a oírla. Me dijo que le había pedido que moderara los ruidos, pero que le contestó de muy mala manera. Parece que mi vecina del piso de abajo no estaba teniendo sus días favoritos en el edificio. "Y no sabés lo que es cuando viene con el novio, parece que se ríen para que los escuchen hasta los de planta baja, no respetan la siesta". Le pregunté si el novio era mi vecino de enfrente. Me miró algo extrañada, me sentí mal por la intromisión, y me dijo que no lo sabía.

Ella continuó la charla comentándome que su marido era plomero, que seguramente podría revisar en un periquete mi cocina, y quizás darme una mano con el arreglo hasta tanto viniera el plomero del consorcio. Me dijo que cuando él llegara de trabajar tocaría mi timbre para revisar la cocina y dar su diagnóstico. A su vez, me anotó el número de su teléfono ante cualquier eventualidad. Mientras lo anotaba escuchaba la voz de mi vecino, sí, efectivamente, ¡era su voz! Escuchaba que ella le decía "gracias, el taladro se portó diez puntos, creo que tendría que comprarme uno, bueno, chau chau". ¿Por qué mi vecino, si él le prestó su taladro, tenía que pasarlo a buscar? ¡Qué vecina cómoda, debería llevárselo a él! ¿O no? ¡Qué metida que soy! No no, que no debo andar metiéndome en lo que no me incumbe. Cuando mi otra vecina me entregó el papel, escuché que su vecina de enfrente le gritó a mi vecino, que iba subiendo las escaleras, que se había olvidado de devolverle el alargue que también le había prestado.

Mientras me despedía de mi vecina del departamento de abajo, me pareció oír que mi otra vecina (Sonia) se le quedaba charlando en las escaleras a mi vecino. Muy bajito saludé a la señora del plomero, quien cerró su puerta y yo me quedé con la encrucijada de optar por el ascensor o la escalera para regresar a mi vivienda. Me decidí por la escalera, total, que sólo era un piso. Para cuando subí, los vi a medio camino y escuché una voz femenina diciendo que había que cuidarse "de todo y de todos" y me miró. Era como que estaba insinuándole algo a mi vecino sobre mi persona, o tal vez me confundí. Pero ¡qué molesto cuando ella habla así! Tal vez me lo andaré tomando todo muy personal. Los saludé y seguí mi camino. En conversación ajena prefiero no meterme.

***

*03/11/18

La puerta

 

Vino el vecino plomero y constató que perdía el caño por donde se lavan los platos. Muy buena onda me ayudó y me explicó cómo mantenerlo en adecuadas condiciones. Me caen muy bien mis vecinos de abajo, muy cordiales, sí. En cuanto pude hice unas galletas que olían súper bien (y que, a poco de salidas del horno, y casi quemándome en el intento, pude corroborar que sabían deliciosamente, y no es porque las haya hecho yo eh!) y se las llevé. ¡Me puse tan contenta de saber que a ellos también les gustaron! Me entusiasmé bastante. Salí, subí las escaleras, pasé por la puerta de mi vecino, y la miré con cierta nostalgia. Qué sé yo, tengo la sospecha que a mi vecino le está gustando mi vecina Sonia, la que vive en el departamento que está justo debajo de su departamento. Él puede hacer de su vida lo que quiera, y ya sé que no tengo que interesarme en cosas privadas, pero, me da una lástima que se entusiasme con alguien tan conflictivo. Tal vez él no se da cuenta... o no lo quiere ver...

En cierto modo le tomé estima a mi vecino. No, no es conflictivo. Es muy amable, es atento, no es pesado. Sea como sea, le deseo el bien.

***

*06/11/18

El antes y el después

 

Tuve que hacer un trámite bastante lejos de casa, ¡y me agarró la tormenta! ¡Qué tremendo viento, lluvia por todas partes! Apurada, compré comida al paso, tomé un colectivo y llegué a casa con muuuucha hambre. No sé si habrá sido que tardó más tiempo el viaje de lo que supuse, o es que estaba muy ansiosa por alimentarme... ¿será que la cocción no fue la adecuada? Digamos que sentí que olía algo distinto... tal vez la humedad interfería en la percepción del sabor... no sé... tenía un sabor... que no esperaba. Tal vez lo cocinaron de manera distinta a como acostumbro comer... o es que... ¿qué tenía? Comí algunas porciones y sentía que me había caído pesado... Mmm... Pero era mucha mi hambre, e igual comí todo. Con el transcurrir del tiempo comencé a sentir los efectos. ¡Ay caramba! ¡Qué situación! Apenas si llegué a la cocina para ver si había algo para paliar eso, pero no sé si es que no podía pensar o no me daban las fuerzas, el tiempo pasaba distinto. Me volví al baño, y estaba así, en un estado que no esperaba estar antes del comienzo de aquel día. Vi a la paloma sufriendo bajo la lluvia, y sentía que en ese momento éramos dos, pero de diferente manera, por otras causas. Me pareció ver que alzaba su cabeza con los ojos cerrados bajo las gotas, como si estuviese rezando, implorando poder superar la tormenta, resistiendo en su nido, protegiendo a los suyos bajos sus alas,. Quise llegar a la mesa, y resbalé, se me cayó el mantel y lo que tenía encima, ¡qué estruendo! Y ahí, en tal caos, me preguntaba cómo iba a hacer. El gato, que se me acercaba, para que pudiera levantarme, y me costaba tanto. Recordé a la paloma, y recé, como hacía tanto tiempo no lo hacía, y el tiempo, volvió a cambiar. El ambiente comenzó a transformarse. Y yo estoy convencida que lo que ocurrió después fue milagroso. "Toc toc"... alguien llamando a la puerta. ¿Habré estado soñándolo? Pues no, efectivamente... y otra vez... Pero no tenía fuerzas para llegar, ¿cómo haría? Me concentré, busqué fuerzas, y con todo el ímpetu, con todas las ganas, llegué a abrir, a pesar de cómo me sentía. Y allí estaba, mi querido vecino, querido sí, porque lo que hizo me dio pie para agradecerle con todo mi ser, por haber intermediado para ayudarme. Me dijo él que se preocupó al oír un fuerte ruido que le llamó mucho la atención. Dijo que no estaba acostumbrado a oír ruidos de mi lado, que era muy buena vecina, y eso me hizo reír y alivianó mi pesar. Me ayudó preparándome un té y todo lo que fuese necesario para sentirme mejor. Se ofreció para prepararme una cena, un tentempié, algo como un caldo. Se fue un rato y yo me quedé asombrada. Aunque no me sentía muy bien, mi alegría hacía que me recuperase más rápido. ¡Qué afortunada que justo estaba en el momento preciso, en este lugar, con el corazón dispuesto a ayudarme! Luego regresó, ¡hizo compras! ¡Qué amable! Y yo, que no tenía casi nada, apenas algunas cositas y la comida del gato. Me dijo si quería que se quedase un poco más, y yo se lo pedí, por favor, muy encantada.

***

*15/11/18

Velas

Era el cumpleaños de Rosenda, la señora del dueño de la tienda de la esquina. Salí tarde del trabajo. Para cuando llegué a mi departamento me di cuenta que había olvidado hacer unas compras, y mientras bajaba por el ascensor me acordé del cumpleaños de Rosenda. Sabía, como cada año, que ese día cerraban antes para festejárselo. Parecía que tardaba mil años en desplazarse el elevador. Para cuando paró, subí a buscar la tarjeta que le había preparado y olvidé en un cajón junto a la entrada. Regresé y otra vez el ascensor se me hacía cada vez más lento. Para cuando salí, fui lo más rápido posible y me lo crucé a mi vecino saliendo a través de la puerta chiquita que queda cuando bajan la persiana metálica. "¿Viene a entregarle un regalo a Rosenda? Porque ya cerraron..." me avisó. "¡Ay Rosenda, Rosie, Rosie querida!" me tomé los cachetes mientras lo decía. "Esperen, esperen, por favor, denle esto, gracias gracias". El cajero se lo llevó y me sonrió. Aunque no llegué a hacer las compras, me sentí contenta como pájaro cantor por la mañana, ¡al menos había alcanzado a entregarle el presente! Al girar mi vista hacia la calle lo vi a mi vecino aún parado, que, se ve, se quedó observando. Me preguntó si podía ayudarme con algo, que tal vez algo de lo que él había comprado podía llegar a servirme para salvarme del paso en la cena. Para cuando llegamos al hall del edificio se cortó un microsegundo la luz. "Qué bueno que se fue la luz solo un instante". Llamamos el ascensor. Mientras esperábamos me contó que su hermana se mudó a otro país, que no tenían padres hacía muchos años, y la relevancia que le daban al festejo del cumpleaños. Que la extrañaba, pero que tenía confianza que ella disfrutaría mucho aunque existiera una distancia geográfica. Para cuando llegó el ascensor se volvió a cortar la luz, pero esta vez por más tiempo. Decir que dijimos "uuuuh" es una obviedad. Pero lo interesante es que ambos tomamos la inmediata decisión de ayudarnos a subir las escaleras. Al principio decíamos comentarios pasajeros sobre el tema de la electricidad, que cuidado con este escalón, y así, pero luego nos quedamos en silencio. En un momento, ya bastante cansada, me quedé reposando en un piso, que resultó ser cercano al nuestro. Se quedó cerca mío, cuando bien podría haber continuado su camino. Aprecié su gesto. Luego retomamos la marcha... hasta que... llegamos al sexto piso...

Ese fue el momento en que escuchamos un tintineo de llaves. Mi vecino subió decididamente, pero lo tomé del brazo y le hice un gesto para que guardara silencio. No sé si lo llegó a ver con nitidez a través de las luces de emergencia, pero creo que me entendió. Subimos despacio y observamos desde las escaleras cómo su vecina del piso de abajo entraba al departamento de él. Quiso avanzar, y volví a sujetarle del brazo y me miró, me miró muy enojado. Lo solté, y se cerró la puerta. Él se dirigió a su departamento y yo me quedé detrás. Abrió la puerta y la encontró ahí dentro, ¿haciendo qué? No llegué a ver. Pero le dijo a ella: "¿Qué significa esto?". Le preguntó qué hacía ahí. No llegué a entender lo que ella le respondió, pero hablaba con naturalidad. Él le dijo que saliera inmediatamente. Ella salió y me miró de abajo hacia arriba. Y con una mueca sarcástica me musitó un "no me extraña", con lo que se terminó retirando.

A él lo vi sentado, consternado. ¿Qué debía de hacer? Quería ayudarle, pero, quizás yo estaba demás. Entonces se lo dije y fui cerrando su puerta. Él, aunque aturdido por lo que acababa de presenciar, me dijo que espere, y yo, paré de cerrar la puerta, pero luego le dije: "Quizás sea un momento para pensar a solas", tras lo cual cerré su puerta y entré a mi departamento.

Se hizo la luz. Fue bueno que el corte de electricidad no durara mucho. Aproveché y preparé la cena, pero esta vez, la preparé para dos. Tocó mi timbre y lo dejé pasar. Me dijo si yo sabía algo, y le respondí todo lo que sabía. Quién era ella, quién sabe. Pero eran los hechos lo único que conocía. Lo invité a comer, él me dijo que con todo esto se le habían ido las ganas de cenar, y yo le volví a insistir, amablemente, para que me acompañara, que yo también estaba consternada. El comer le hizo bien, eso me alegró mucho. Le conté sobre las torcazas, y sentí que su pesar se iba aminorando. Aunque se fue con mejor ánimo con el que había ingresado, noté su desazón. Era algo que le llevaría su tiempo.

***

*16/11/18

Viajes en el ascensor

 

- Pero eso le pasó porque se equivocó de departamento. Si no había luz, era más probable que le ocurriese. ¿O nunca te pasó?

- ¿Cómo sabés eso? Digo, ¿cómo es que usted lo sabe? ¿Ella se lo dijo?

- ¡Claaa.. claro que... claro que me lo dijo mi amigo! El otro día... me lo contó.

- Ah... ella se lo habrá dicho.

- Habrá sido así.

- ¿Pero cómo su llave coincidía con la de mi vecino?

- Eso no lo sé... ¿querés que le pregunte?

- Quiero que no me vocee.

- ¿Y la tuteo?

- ¿Empezamos otra vez?

- Ah yo podría empezar contigo las veces que quieras.

- ¿Empezar qué? No, no me responda. Usted tiene gran habilidad para generarme dudas.

- Yo le podría dar respuestas, si me permite.

- Le permito despedirse.

- ¿Hasta luego?

Ni respondí. Con el pasar del tiempo me di cuenta que a veces, no hace falta responder a ciertas personas en ciertas situaciones. No, no por falta de respeto, no. Sino que es un tema de criterio.

***

*24/11/18

Semillas

 

Respecto de la más reciente camada de torcazas, puedo decir lo siguiente: creo que la paloma que sobrevivió a la caza del gato consiguió pareja rápidamente y anidaron en una nueva maceta. Me dio no sé qué y les dejé agua y semillas para que pudiesen alimentar a sus crías. Al par de semanas nacieron dos. El macho fue el que voló primero, y la hembra, como su abuela, era más de quedarse en el balcón y perseguir a los padres para que le den de comer. Para cuando noté que ya podía volar por sí misma, retiré los víveres para motivarlos a buscar en otro sitio, mismo que temía por el comportamiento instintivo del felino. El fuerte de la torcacita no era precisamente volar, y otra vez el gato mostró sus habilidades de cacería atrapándola cuando quiso caminar a nuestro lado. Más de una vez se encontró en semejante situación. Pero como el gato es tan pacífico, al final la dejaba ir, aunque siempre estando atento a su presencia. ¿Qué haría con la comida especial para pajarillos que había comprado? Al salir me la llevé conmigo, pensando que tal vez en la calle podría cruzarme con alguien que tuviese pájaros y le pudiese servir. Llamé al ascensor, para cuando abrí la puerta lo vi a mi vecino. Una amplia sonrisa noté en su rostro, y pronto me preguntó si pensaba comerme esas semillas. Me reí y le dije que iban a ser entregadas a los pájaros, apenas terminaba de decirlo que él me pidió que lo esperara. Entró muy rápidamente a su departamento y un par de minutos después nos encontrábamos viajando por el ascensor. Trajo desde su casa una bolsita con muchas migas. Me dijo que podríamos aprovechar para alimentar a los pájaros de la plaza. Y así lo hicimos. Quién me hubiera dicho a mí el día anterior, que me vería el día siguiente junto a mi vecino, en la plaza del barrio, dándoles de comer a las palomas.

***

*27/11/18

Resolución

 

Hubo un tiempo en el que pensaba que lo más efectivo eran los molinillos. Esos molinitos que se enganchan a las macetas o rejas para que las palomas no se acerquen. Al principio les molestaban pero después calculo que los usaron de ventilador, porque mucha atención no le acabaron dando. Lo que sí funcionó fue darles de comer cada tanto en la plaza. Desde que hice eso, no hay más acoso palomístico en mi balcón. Sí vienen y descansan un rato entre las plantas de vez en cuando, pero luego prosiguen en la suya, en otros sitios. Y no hay pelea ni nada de eso. Hasta a veces siento que protegen mi camino. A veces me siento en el balcón, y aparece un pájaro en un costado. ¡Y estamos lo más bien! Me agrada saber que pueden disfrutar. Hasta el gato ahora puede descansar relajado acostado en el balcón. Las miro volando ¡qué bello deleite! Ahora en el balcón me han visitado colibríes, loros, cotorras, ruiseñores, y más pájaros. ¡Me dan una ternura!

Un día de templado a cálido sol, me pareció que estaba viendo a la primerísima torcaza, sí, creo que era ella, sí, ¡era ella! Y sentí, sentí que me había visitado porque me sentía familiar, y yo la sentí a ella familia. Qué curioso llegar a sentir que compartíamos el mismo sentimiento, inclusive el gato que se quedó mirándole, sorprendido pero a la vez tranquilo. Comprendí la paz que nos rodeaba. Una reconciliación por lo pasado. Sí, una paz que se expandía ampliando la familia a nuevos seres.

***

POSTEO 01/12/18

Quietud

 

Sábado por la mañana, de esos días en los uno tiene ganas de levantarse bien tarde. Pero bien... bien temprano comencé a escuchar el ir y venir del ascensor. ¿Qué eran esos ruidos en el pasillo? Qué extraño. Muy adormilada intenté ver por la mirilla. No llegué a ver con nitidez, ¿estaba soñándolo? Me refresqué con agua bien fría y me senté a desayunar junto al gato. A poco de comer, él se fue junto a la puerta e intentaba abrirla. Traté de retenerlo del otro lado del departamento y cerré la puerta aproximándome al pasillo. Me paré frente al ascensor con la excusa de salir a comprar algo y vi que había un par de hombres trasladando cosas.

- Señorita, a ver si se puede retirar un momento del camino. En cinco minutos despejamos la zona y ya puede usar el ascensor, disculpe las molestias.

¿Despejar la zona? ¿A qué se refería con eso? ¡Le están sacando las cosas a mi vecino! ¿Qué hago? ¿Lo llamo a su amigo para pedir ayuda? ¡No! No me parece, ese siempre aprovecha todas las oportunidades para sacar ventaja. Pero podía estar equivocada...

Cuando me permitieron usar el ascensor, aproveché el recorrido para llamarlo al encargado. Él se rió y me dijo que no me preocupara, que era una mudanza.

Para cuando llegué a planta baja lo vi hablando con mi vecino. ¿Es que... es que justo él se iba?

Saludé, y vaya uno a saber la cara qué puse... Al regresar de hacer las compras abrí la puerta del departamento y el gato salió apuradísimo y se paró en el medio del pasillo. Traté de convencerlo para que regresara, pero rehusó hacerme caso. Me apoyé sobre la pared que daba a mi vecino, cerca de su puerta y no percibía nada. Ya no había más sonidos, nada. No sé por qué pero terminé sentándome en el pasillo, junto al gato, en silencio.

***

*15/12/18

Tipos de mudanzas

 

Llovió durante la semana, y luego, en cuanto estuvo mejor, ¡el cielo se cubrió de pájaros! Felices volando en todas las direcciones. Me preocupé si es que tendrían hambre, después de los días con lluvia...Compré algunas semillas, más algunas miguitas que había guardado y me dispuse a ir a la plaza. Grande fue mi sorpresa cuando al tiempo de estar allí, lo encontré a mi vecino dándoles de comer. No suele haber mucha gente en la plaza a poco de llover, así que fue bastante fácil distinguirlo, y me imagino que él a mí. Me acerqué, y lo saludé. Me trató muy bien y estuvimos un rato alegrando a los pájaros.

Cada tanto nos terminábamos cruzando. Me imagino que habrá sido una época genial para los pájaros. No sé qué diría el gato de todo esto pero, casi que lo tomé como una rutina ir a dar un paseo por la plaza dándoles de comer y saludando a mi vecino, que aunque ya se había mudado, o al menos eso intuía, lo seguía sintiendo próximo.

Un día, aprovechando que estábamos sentados en el mismo banco, y sintiendo que podía decirse que teníamos más confianza, comencé a charlarle:

- ¿Lo del camión de mudanza era porque hubo cambio de muebles? ¿era por renovación no? Perdón por la indiscreción, sé que mucha gente hace un recambio absoluto, y pone a nuevo la casa, entonces cambia todo, saca lo anterior y lo hace cada nueva temporada, entonces... -se ve que estaba algo nerviosa porque no paraba de hablar.

- No. No me gusta andar haciendo esas cosas. Prefiero tener cosas de calidad y que duren mucho, a tener que estar cambiándolas todo el tiempo. Si algo se daña, trato de repararlo. Creo que es sano tener lo justo y lo necesario. La mudanza es porque cambié de residencia.

- Ah... sí, con razón no nos cruzábamos en el edificio... Pero habrá sido una residencia bastante cercana a la cuadra, ¿no? - era lo más lógico... si tan seguido lo veía en la plaza del barrio....

- Cerca.... lejos... puede ser relativo según cada persona... ¿usted se mudaría si tuviera la posibilidad?

- He llegado a encariñarme con el barrio, sí, pero si tuviera la chance me gustaría un lugar donde mis plantas puedan desarrollarse más grandes, donde el gato pueda correr. Igual me conforma donde estoy, no puedo quejarme... -y se me vino a la cabeza el recuerdo de las molestias vecinales, pero traté de contenerme jaja.

- No la noto tan convencida a medida que me lo dice...

- Uno siempre quiere estar mejor...

Ambos nos reímos.

***

*06/01/19

 

Balconeando

 

El teléfono dejó de sonar. El sol lo iba destiñendo, apartado en un rincón, sentado en una silla de algarrobo. Hacía tiempo que las últimas llamadas no eran atendidas.

Me encontraba quitando los yuyos de las macetas, controlando si había plagas, acomodando las que habían caído con el viento, pasando algunas a unas macetas de mayor tamaño, y así, mientras el gato se inventaba escondites. De pronto me pareció oír mi nombre. "Debo dormir más", pensé. Y otra vez. Lo miro al gato para comprobar que él también lo oía. Me miró extrañado y luego miró en dirección de donde provenía el llamado. Me acerqué e intenté estirar la cabeza para ver si había alguien desde la calle. Era... ¡era verdad! ¡Era el vecino mudado! "¿Tan rápido se olvidó cuál es mi departamento que no toca mi timbre?" Lo saludé con el vaivén de mi mano y olvidé que tenía tierra en ella, ¡qué distraída! ¡típico!

Intenté usar el portero eléctrico y recordé que tenían que repararlo. ¡Cierto! Por eso no sonó el timbre. Bajé inmediatamente a abrirle.

- Perdón por lo inoportuno de este encuentro. Hubiera querido comunicarle con antelación mi visita pero no podía lograr llamarla a su teléfono, y eso que lo consulté con el encargado para saber si lo tenía bien.

Me parecía todo muy raro... Para cuando llegamos a mi departamento caí en la cuenta que el aparato telefónico estaba desconectado... ¿lo habré corrido y se me desconectó sin darme cuenta? ... será que el gato habrá hecho de las suyas alguna madrugada. ¡Qué poco le gusta que use el teléfono!

Le ofrecí agua y nos sentamos. El gato lo saludó y se le quedó al lado. Y así estuvimos un ratito, los tres, en silencio, expectantes.

-¿Algo de comer? - le ofrecí, pero no tenía ni idea qué decir.

- No, gracias. Vengo porque... quiero proponerle...

Y ahí mismo pensé en todas las telenovelas, películas románticas, y publicidades que había visto en mi vida. Pero qué imaginación. Tal vez sólo necesitaba que lo ayudase con algo.

- ¿Algo de comer? - le volví a decir, en una de esas tal vez podía llegar a ayudarme con el almuerzo, con tanto trabajo de jardinería uno comienza a tener hambre a veces...

- Ehh, ¿cómo dijo?

Le sonreí y dije rápidamente que le daría algo de comer al gato, con lo cual le llené su pocillo y volví a la conversación. Al menos eso lo distrajo al gato.

Luego él continuó:

- ¿Usted ya se tomó las vacaciones?

- No. Igual no me las suelo tomar porque no tengo muchos lugares a donde ir. ¿Por qué?

- En el trabajo me premiaron con una estadía en una casa, con terreno, como usted se imaginará, esos sitios donde se vacaciona. Con pasaje incluido para dos personas. Y me acordé de usted, de su gato... y quizás le pueda llegar a interesar. Puede compartirlo con alguien que le pueda ser de compañía.

Sentí un torbellino de pensamientos, sensaciones, ¿qué estaba pasando?

- Gracias... estoy asombrada... ¡esto sí que es una gran sorpresa! Pero... el premio se lo dieron a usted, ¿yo qué tengo que ver? Además... no es que pretenda quedar como una persona solitaria pero no, no tengo con quién ir. Tal vez usted sí pueda conseguir compañía. Por supuesto que me encantaría ir, y el gato estaría más que contento. Pero no creo poder disfrutarlo sabiendo que usted no estará allí para disfrutarlo también.

- ¿Me está proponiendo que la acompañe? Porque en tal caso estaría dispuesto, siempre dispuesto.

El gato paró de comer, y con los restos aún en su barbilla, me miró, como esperando respuesta. Y yo, aún con la tierra encima, me figuraba que la palabra sorprendida quedaría muy corta para describir el nivel de estupefacción que sentía.

- ¿Me permite que lo piense? Comprendo que habrá un tiempo limitado para hacer uso de ese pasaje.... ¿me permite? ¿podría decirme un número de teléfono para decirle mi respuesta?

- Este viernes, por la tarde, a las 19hs... hay un espectáculo de títeres y narraciones, en la plaza, ¿podría darme la respuesta allí?

Asentí y quedamos para ese día. Esperar hasta ese momento, fue para mí, más tremendo que responderle en el mismo día en que me visitó. Pero así lo quería él, lo iba a respetar, después de todo, él es quien me trajo la propuesta, no me iba a poner en quisquillosa por ir a la plaza.

Esa frase "dispuesto, siempre dispuesto" quedó dando vueltas en mi cabeza mucho tiempo. ¿Será que gustaba de mí? Naah... no creo... con lo poco que me hablaba, ¿cómo podía saberlo? ¿Será que simplemente era su expresión natural porque siempre estaba dispuesto a ayudar a todos?

***

*11/01/19

El espectáculo en la plaza

 

"¿A dónde van los pájaros cuando vuelan?" me puse a meditar. Lo veía al gato entre las sombras de las plantas, mientras el sol derramaba su brillo en el balcón. Sentada reflexionaba. Miré a mi alrededor. Traté de soñar. Percibí el aroma de las flores y me decidí.

- Gato, es tiempo que vacacionemos, ¡sí!

Durante la semana hablé con el encargado para que me ayudase ante cualquier eventualidad durante mi ausencia. También le pedí ayuda a la vecina esposa del plomero para que me diera una mano con las plantas.

Cada vez tenía más ganas de ir. A cada momento me surgían inquietudes, pero eran más las ganas. Y al fin y al cabo el gato, que es de presentir bastante bien, sería mi guardián. Aun así, curiosamente, siempre que estuve junto a mi vecino, me sentí en paz, así que sentía que estaría más tranquila cerca de él.

Llegó el día del espectáculo en la plaza. Había una muchedumbre, familias y niños. La mayoría muy atentos, y algunos que se distraían jugando alrededor. En eso lo veo a mi vecino. ¡Sentía que mi sonrisa llegaba a mis orejas! Caminé envalentonada hacia su dirección, tenía ganas de ir corriendo hacia él, gritarle como él lo hizo cuando me llamaba desde la calle... hasta que...

- Hola, cada día más preciosa...

Giré mi cabeza y era su amigo. ¿Pero qué hacía ahí? ¿Será que lo invitó?

- ¿Venís por el espectáculo... o por algo más?

Mientras él me lo preguntaba observé a la distancia la figura de mi anterior vecino hablando con... ¡con la vecina conflictiva! ¿es que acaso a ella también la había invitado? ¡Uy! ¡Cómo me molesté! En un instante sentía que debía cambiar todos mis planes.

Al caminar, por no mirar hacia el suelo, tropecé con una piedra, y al querer recobrar el equilibrio una piedrita más pequeña se introdujo en mi calzado, pinchándome y haciéndome dar saltitos. El preguntón me sujetó, y yo coloqué mi brazo sobre su hombro para estabilizarme, al punto que intentaba alcanzar mi pie para quitar la piedra. Él me preguntó si estaba bien y yo giré mi cabeza para decirle que sí, que era muy amable por su ayuda pero que creía que podía hacerlo sola. Giré la cabeza hacia adelante para no perder de vista a mi anterior vecino del 7°A y justo lo veo mirándonos, y noto el cambio en su expresión. Hasta podría asegurar era la misma expresión que yo puse cuando lo vi hablando con Sonia.

Rápido, intenté soltarme. El preguntón amagó con rodearme con un brazo al tiempo que decía que lo mejor sería que le permitiese acompañarme hasta un asiento donde podría sacarme la piedrita. Levanté la mano para que no alcanzara a aproximarse más y le dije que efectivamente yo estaba bien, que nada necesitaba ya. De un momento a otro "¡spluash!" un popó de paloma nos separó. Él renegó porque parte le cayó en sus zapatos, le di un pañuelo descartable, y mientras él se distraía limpiándoselos, logré sacarme la piedrita y avancé firme y a paso acelerado hacia donde me dirigía desde un principio. Aún me dolía la planta del pie, pero era tal mi convicción por ir, que cuanto más segura me sentía de avanzar, cada vez alejaba un poco más el dolor. Lo importante era llegar.

Cuando estaba a pocos metros, mi anterior vecino se levantó del banco donde estaba con la del 6° A, y se dirigió a paso apresurado hacia otra dirección. Ella se quedó sentada, me sonrió y me invitó a sentarme a su lado. Me acerqué, la saludé, no sin cierto resquemor, y le pregunté por él. Ella me dijo que había ido a buscarle algo para tomar y que iba a regresar. Me hizo preguntas que no deseaba responder, y no duré ni un minuto que me levanté y sin mediar más palabras me encaminé en dirección a donde él había ido. ¿Cómo le iba a preguntar a ella por él? ¿Acaso tenía sentido? Era más posible que me confundiese a que me dijera algo que me pudiese ayudar.

Cuando le tocó el turno a él para pedirle dos vasos de agua al expendedor de bebidas, corrí hasta alcanzarlo. No me fijé si la otra intentó seguir mi camino, ya no tenía ni un ápice de ganas de darle atención a los distractores.

- Hola, ¿es para Sonia, verdad?

- ¿Ella está bien? Se acercó a mí porque dijo estar mareada y que necesitaba ayuda, un vaso de agua, algo.

- ¿Mareada? Pero si recién le hablé y estaba lo más bien. ¿A ella también la invitaste a vacacionar? - no sé por qué me salió no tratarlo de usted. Esto parece que generó una conmoción en él y abrió un poco más sus ojos.

Al segundo miró hacia la dirección desde donde yo había corrido y la vio a ella caminando rapidísimo hacia nosotros.

- Veo que ya estás recuperada. -le dijo, aunque no noté sorpresa en su voz.

- Sí, oh, no, otra vez... no debí correr, es que pensé que tardabas tanto en traer el agua...

Me pidió que sostuviera los vasos, la acompañó hasta un asiento y le alcanzó uno de esos vasos.

- ¿Mejor? -le consultó.

- Sí, creo que mucho mejor, gracias. -le respondió. -Es bueno tener compañía en estas circunstancias.

- Ciertamente- agregó mi anterior vecino.

Sintiendo que yo tenía nada más que hacer ahí, le dejé el otro vaso y me fui. A los pocos metros lo vi al amigo, otra vez. "¿Cómo me lo saco de encima?" pensé. Seguidamente percibí que lo llamaban. No sé qué me dijo, con tanta gente no llegué a oír bien, y seguí mi camino.

Entré a casa, saludé a mi querido gato. Me senté y me eché a llorar. No sé por qué estaba tan angustiada. Quizás hubiera sido mejor que mirara el espectáculo de títeres, o siquiera haberme quedado a escuchar la narración. Pero con el humor que tenía, era posible que hubiese entendido nada. El gato se puso a mi lado, y apoyó su cabecita en mi brazo.

En eso, escuché mi nombre a lo lejos. Una y otra vez. El gato me insistió en salir al balcón. Salí pero no había nadie. ¿Me había ilusionado?

Minutos después...¡timbre! Miré por la mirilla, pero con las lágrimas veía todo muy borroso. Pregunté, tratando de poner la mejor voz, que quién era. Y él dijo su nombre...

El gato, que peleaba por abrir la puerta, saltaba sobre la manija. Le abrí. Quien me llamaba se sorprendió al ver mis ojos, que, aunque había secado mi rostro, no podían disimular mi sentir. Me preguntó si podía pasar, y le dije que sí, sin esperar nada.

Se sentó. Al lado habían valijas hechas. Sí, sé que una estadía vacacional puede llegar a ser de una o dos semanas, pero una, ¿cómo es, no? se prepara como para un mes. De todos modos poco sentido tenía ya, al menos era lo que intuía resignada.

- Vengo porque pensé que usted me daría la respuesta en la plaza...

- ...Y como no se la di la viene a buscar acá. Creo que ya sabe perfectamente mi respuesta.

- Sí. Me la dio, y la conozco. Por eso vine. Porque le quiero dar las gracias.

Lo miré al gato, él me miró, y ambos volvimos a mirar a nuestra visita. ¿Qué habría querido decir?

- Pero si yo nada dije... además quiero decirle que si tenía pensando invitarla a mi vecina a vacacionar, quiero que sepa que...

- Tranquila, yo no la invité. Porque la única invitada es usted, y así prefiero que sea.

De repente me salió un suspiro... el típico suspiro post llanto. Y me sentí mejor.

Nos quedamos conversando un poco mientras el gato iba y venía jugando por el departamento. Me preguntó qué fecha me venía bien a mí y me dijo cuándo pasaría a buscarme.

A la semana siguiente estábamos viajando junto con el gato.

***

*20/02/20

La casa

 

Llegamos a la casa. Era hermosa. No se parecía mucho a las casas que aparecen en los avisos, era mucho más modesta, y tenía un terreno muy amplio, con mucho verde. El gato inmediatamente se dispuso a correr y hasta se trepó a un par de árboles. Los primeros días mucha habilidad no tenía, pero después aprendió bastante rápido y era súper ágil, ¡todo un talento! Me divertí muchísimo viéndolo disfrutar. Por nuestra parte, la pasamos muy bien jugando juegos de mesa, haciendo comidas caseras, saliendo a caminar. Fueron unas vacaciones de ensueño. ¡Estaba tan feliz! Los días pasaban y sabía que tendría que regresar a casa. ¿Cómo estarían las plantas?

Él me preguntaba por ellas, y me decía que las debería haber traído también.

- Ja ja ja, claro, ¿y ya que estoy las plantamos, no? ja ja ja

- ¿Por qué no?

Me reí, él se sonrió. ¡Pero lo había dicho en serio!

- No se puede andar plantándolas y a las dos semanas retirarlas, no es muy sano. No me gustaría estresarlas.

- Entonces, no las retiremos. ¿Y si nos quedamos acá? ¿Te gustaría?

- ¡Sí, claro! ¿A quién no le podría gustar quedarse a vivir acá? Pero tenemos que volver a la realidad, por mucho que nos guste este sitio. Lo tendré siempre como un recuerdo feliz y te estoy inmensamente agradecida. Además también tenés que regresar a tu casa.

- Esta es mi casa. Y me gustaría que fuera la tuya también. Por eso estaría encantado que permitieras que tus plantas también puedan disfrutar de todo esto.

***

* Varios años después.

Paz

 

Por supuesto que hubo unos cuantos contratiempos. Cuando se largó la lluvia, que entraba por el techo, ¡uh! Cuando se rompió un caño de agua... Cuando en la zona cortaron el gas... Varias sorpresas. Aún así nos las ingeniábamos, y siempre intuíamos que de todo, algo nuevo aprendíamos. Cercano a la casa había un cuarto que tenía baño, creo, si entendí bien, era la pequeña casa que se había usado para construir el resto de la otra casa. Lo que hizo fue transformarla en cuarto de herramientas y el espacio entre una y otra construcción fue unido a través de un jardín de invierno. Le ayudé decorándolo y creo que ha quedado muy bonito. Gracias a ello podemos disfrutar de la naturaleza en cualquier época del año, ha sido una excelente idea y el gato lo aprovecha al máximo, sobre todo en la época en que hace frío. Pusimos árboles y las torcazas, entre otras especies, los han aprovechado para hacer nidos.

¿Qué hay acerca del anterior barrio? A cada uno que me ayudó le quedé muy agradecida. Las plantas en su nuevo territorio crecieron a un ritmo maravilloso, lo mismo que este amor que surgió entre los dos.

Rama a rama fuimos haciendo nuestro nido. Rama a rama se fue formando un hermoso hogar que dio cobijo a muchas plantas y animales. Vemos a las aves volando tan contentas, planeando en la distancia y cerca nuestro... cuánta belleza...

Cielo... que nos sonríe, y nuestros corazones sonriéndole llenos de amor, damos gracias.

 

Fin de la lectura.
Gracias por tu visita, ¡te invito a seguir leyendo!

Para volver a la página principal clic en https://ikilibros.com.ar/